24 enero 2017 Eléctrico, Híbridos, Hidrógeno

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En estos momentos estamos experimentando un despegue, parece que definitivo, de los coches propulsados por energía eléctrica. Dicen que a partir que el año 2020 será el momento en que nos iremos olvidando del todo de los combustibles fósiles a favor de este otro combustible, a priori más limpio y respetuoso con el medio ambiente. Pero en realidad, aunque hablemos de vehículos eléctricos, podemos encontrar que el origen de esta electricidad llega desde medios muy distintos.

Para comenzar, tenemos los vehículos híbridos y los híbridos enchufables. Los segundos ofrecen otro tipo de alimentación, ya que sus baterías no se cargan con la acción del propio funcionamiento del coche, sino que proviene de una fuente externa, a través de un enchufe. De esta manera, complementan la acción del motor de combustión con un motor eléctrico que ofrece bien la posibilidad de ofrecer una mayor potencia que permite que el coche funcione de manera más eficiente, bien que lo haga de manera totalmente eléctrica, durante un corto espacio de tiempo, lo que permita la energía almacenada de la batería.

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También existen los coches eléctricos, que tienen como única fuente de energía la electricidad, facilitada de manera completa a través de una conexión con la red eléctrica. Pero últimamente, estamos leyendo sobre los coches de pila de combustible, un tipo de coche eléctrico que no solo utiliza la energía almacenada en su batería, sino que además puede generar esta electricidad a través de un proceso químico en el que participa el hidrógeno.

Este tipo de vehículos eléctricos utiliza el hidrógeno, que gracias a la pila de combustible, consigue generar electricidad, que se utiliza para mover el coche y hacer que funcionen el resto de elementos eléctricos del mismo. Pero, ante la posibilidad de comprar uno u otro, ¿por cuál debemos decantarnos?

Antes que nada, hay que conocer una diferencia fundamental. Los coches eléctricos necesitan un tiempo para recargarse gracias a la conexión a la red, mientras que los de pila de combustible solo necesitan llenar su depósito de hidrógeno para comenzar a funcionar. El tiempo de carga de un coche eléctrico depende del tipo de conexión. Con una normal, puede tardar entre cuatro y doce horas, mientras que si se trata de una conexión rápida o ultra-rápida, puede reducirse a unos 45-60 minutos, al menos hasta el 80% de la batería.

Recarga del Opel Ampera-e_3

Los coches de hidrógeno no se cargan exactamente igual que un coche de combustión interna, pero el tiempo para recargarlo es de unos 5-15 minutos, ya que el hidrógeno está comprimido y necesita ese tiempo para pasar al depósito. El tiempo de recarga es sensiblemente inferior, pero se encuentra con un problema bastante serio… No existen muchos puntos de recarga, incluso muchísimo menos que de carga eléctrica.

Este handicap puede ser resuelto pronto, en cuanto se popularice la tecnología y se puedan instalar de manera más económica este tipo de lugares de recarga. Lo mismo ocurre con los puntos de recarga para los coches eléctricos, que están siendo cada vez más populares. Lo que es cierto es que un coche de pila de combustible resulta más complicado de mantener en marcha, por falta de puntos de carga, algo que los eléctricos solucionan con la instalación de un punto personal en el garaje.

Sin tener en cuenta este problema, los coches eléctricos tienen una autonomía que puede ir de los 250 km en el caso de los modelos más sencillos hasta los 500 km, más o menos, que tienen los más imponentes de ellos, como los modelos de Tesla. Los coches con pila de combustible llegan hasta los 750 km y se espera que superen los 1.000 en breve. Esto se debe a que al contenido de la batería se le suma la electricidad generada por la pila de hidrógeno, por lo que resulta más práctico. Si hay puntos de recarga, podría ser la opción más interesante de las dos.

El Honda Clarity Fuel Cell con pila de combustible llega a Europa

Obviamente, el coste de la recarga en ambos casos es inferior a la que se presenta en los coches con motor de combustión. La huella ecológica también es inferior, porque aunque la energía eléctrica en un caso y el hidrógeno por otro necesitan un proceso de elaboración y este genera residuos, en todo caso resultan menos dañinos que los producidos con los combustibles fósiles. Y, por supuesto, ambos son limpios y no generan gases contaminantes durante su uso.

Los precios siguen siendo muy altos, con unos 30.000 euros para los modelos más básicos en el caso de los eléctricos hasta los más de 100.000 euros que cuestan los coches con pila de combustible. ¿Cambiará esto? Seguro, pero por ahora, la opción más económica son los híbridos enchufables, que están siendo el puente de unión entre los coches tradicionales con estos nuevos modelos que serán, si todo a bien, el futuro.


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