1 mayo 2012 Fórmula 1, Historia, Pilotos

¡Cómo pasa el tiempo! Ya hace 18 años que asistíamos con asombro al fatídico accidente de Ayrton Senna en la curva Tamburello de la pista de Imola, que se cobró la vida de uno de los más grandes pilotos de la Fórmula 1 moderna.

Nos vamos a descubir nada nuevo en torno a Senna que no se haya dicho ya. Todavía en tiempos en que la Fórmula 1 dependía en gran medida de las habilidades y del talento de los pilotos, no quiero extenderme demasiado en las habilidades conductivas de Senna, ya que es de sobras conocido todo lo que ha logrado en su carrera deportiva. Quiero centrarme en algunos hechos que nos mostraron el lado más humano de Ayrton.

Conflictivo a veces, polémico y de carácter fuerte y con presencia en la pista; una de las cosas que más defendía era la seguridad de los pilotos. Por ello se animó a enfrentarse públicamente a la FIA y a la mano de hierro de Jean-Marie Balestre por mejores condiciones de seguridad en las pistas y en los coches; cada accidente era materia de interés de Senna, ya que estaba en juego la vida de todos en pro del “show de la Fórmula 1”.

Senna no dudaba en bajarse del monoplaza al ver a un compañero accidentado: como en aquel brutal accidente de Erik Comas en 1992 en Spa, cuando se bajó del coche y literalmente le salvó la vida a su colega apagando el motor del coche de Comas y quedándose con él hasta que llegaron los médicos.

En 1990 Martin Donnelly acabó su carrera deportiva contra las barreras del circuito de Jerez, en un brutal choque que parecía que había sido fatal. Senna fue otro de los pilotos que no dudó en llegar al sitio del accidente y de ver como se encontraba su colega, además de cuidar de que estuviera bien atendido. Paradójicamente y un día antes de su muerte, buscó explicaciones e incluso pensó en abandonarlo todo ante la muerte de Roland Ratzenberger en Imola y el accidente de un entonces joven Rubens Barrichello en la misma pista.

Quiero finalizar con un párrafo, que copio textual de El Cuentakilómetros y que me ha gustado mucho.

Confieso que me llena de admiración ver cómo se podía conducir tan rápido, con esa cabeza vibrando como un sonajero. Y sorprende igualmente ver cómo este hombre era capaz de llevar unos monoplazas absolutamente ingobernables hasta extremos inimaginables, manejando con firmeza esos sencillos volantes forrados en piel vuelta, que se iban de un lado para otro, incluso con una mano, dado que la otra se tenía que ir constantemente en la palanca de cambios

Vaya nuestro pequeño homenaje a 18 años del fallecimiento de Senna, un excepcional piloto, pero a la vez un gran ser humano.


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