7 enero 2012 Dakar, Historia

Las primeras ediciones del Dakar eran una carrera hacia lo desconocido, con no demasiada organización, que se cobraría varias vidas entre pilotos, asistentes y espectadores. Pero además queda un lugar destacado para las historias curiosas y anecdóticas, que se han integrado a través de los años a la historia de la carrera. Una de ellas, es la que os voy a contar ahora, el extraño abandono de Ari Vatanen en el Dakar de 1988.

Para 1988 la participación en la carrera se salía de todo lo conocido: nada menos que 603 vehículos tomaban la salida. Peugeot era la escuadra candidata a ganar la carrera con dos razones de peso: Juha Kankkunen y Ari Vatanen. Peugeot ya había ganado cuatro ediciones del raid con el 205 (dos en la categoría B de 1985 y 1986 y dos con el 205 Turbo 16) y era el rival a vencer. Vatanen ya había ganado el Dakar en 1987 y su intención era repetir victoria.

Sin embargo, el equipo Peugeot sufriría un hecho insólito que provocaría el abandono de Ari Vatanen. Con su 405T16 lideraba la prueba cuando entró a Bamako, la capital de Malí, con las espaldas cuidadas por su compañero de equipo Kankkunen. Como de costumbre, Vatanen dejó su coche aparcado en el parque cerrado de Bamako por la noche y por la mañana, cuando se preparaba para iniciar la siguiente etapa, el coche no estaba ¡Se lo habían robado!

Los “secuestradores” del Peugeot muy pronto dieron a conocer sus intenciones: le devolverían el coche al equipo, pero a cambio de 100.000 dólares. Naturalmente que Vatanen perdía toda posibilidad de continuar en la carrera y ganarla, a pesar de que el coche fue encontrado en las proximidades del parque cerrado más tarde, sin una gota de gasolina. Vatanen se presentó a comenzar la etapa, pero los comisarios lo descalificaron por llegar dos horas tarde a tomar la salida.

Sin embargo, fue autorizado a comenzar la etapa siguiente con un retraso de tres horas, algo que enfureció a sus rivales que protestaron, ya que consideraban que Vatanen había abandonado la carrera. Finalmente, el mismo presidente de la FIA en ese momento, Jean-Marie Balestre, ordenó desde París la desclasificación de Vatanen y a pesar de que el jefe de equipo en Peugeot (Jean Todt) apeló la orden, ni la organización ni la FIA cedieron ante el pedido de Peugeot.

Todt no tuvo que protestar más, ya que unos días después Hankkunen se coronaba ganador de la prueba, junto con el equipo Peugeot y Vatanen fue nombrado “ganador moral” de 1988. El piloto finés ganaría las tres ediciones siguientes al hilo como consuelo. Terminaba así una de las historias más curiosas que nos daba el Dakar.


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