4 septiembre 2017 Deportivos

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Se consideran las pruebas más duras del mundo del motor y no es porque exijan a los coches circular por terrenos muy difíciles y complicados, sino porque la duración de estas pruebas es, exactamente, de 24 horas y ponen a prueba a los pilotos mejor preparados. ¿Cómo es participar en una de estas competiciones tan duras? Veamos alguna de las claves que hay que saber para enfrentarse a una jornada de 24 horas al volante de un coche impresionante, que ha de dar la talla igual que el piloto.

Las más conocidas son, por ejemplo, las 24 Horas de Le Mans, que ha trascendido al mundo de la automoción, pero se celebran muchas de ellas a lo largo del año. Este fin de semana se ha celebrado en Cataluña las 24 Horas de Barcelona de Automovilismo – Trofeo Fermí Velez, en el que marcas como SEAT Sport llevan participando desde hace 18 años.

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En esta prueba, cada uno de los participantes realizan unas 700 vueltas al circuito, lo que lleva a recorrer unos 3.500 kilómetros durante toda la prueba. Esto requiere que los pilotos se enfrenten a la rutina de pasar una y otra vez por el mismo recorrido, lo que les exige una concentración muy alta para no perder el punto al trazado.

Las temperaturas que se alcanzan en la cabina tampoco son algo para olvidar, ya que se registran hasta 60 grados centígrados, lo que hace que estar al volante se convierta en toda una proeza para los encargados de llevar el coche hasta el final de la prueba. Para estar frescos y concentrados, los equipos deben sustituir a los pilotos cada 1 hora y 40 minutos, por lo que deben contar entre dos y cuatro pilotos dispuestos a sentarse frente al volante para realizar esta proeza. El piloto saliente debe ayudar al nuevo a acomodarse en la cabina mientras los técnicos se encargan de realizar el mantenimiento del vehículo.

En total, se realizan 16 paradas en boxes, en las que se cambian 40 neumáticos durante las 24 horas, y se reposta mediante un sistema que permite hacerlo sin abrir la puerta, consiguiendo arañar algunos segundos en cada una de las operaciones. Los coches se adaptan para poder rodar sin parar durante esas 24 horas y necesitan unas 40 horas para disfrutar de esos cambios. Entre ellas, se añaden luces LED entre los faros para mejorar la visibilidad durante la noche.

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Este es el momento más duro, dada su limitada visibilidad, ya que pilotos notan el cambio de luz y la noche ayuda a que se reduzca la tensión y en consecuencia, el nivel de adrenalina cae y es complicado mantenerse tan activo como durante las horas diurnas. Además, el amanecer provoca que el sol se refleje en los parabrisas y dificulta la visión. Estos son, según los pilotos, los más complicados durante la competición.

Esta es solo una muestra de los retos que han de superar los pilotos y los técnicos para conseguir estar en permanente movimiento en las pruebas de 24 horas que se celebran en muchos circuitos de todo el mundo.


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