13 marzo 2013 Fórmula 1

melbourne

Nunca es fácil el comienzo de una nueva temporada y mucho menos si el trazado elegido para ello es Melbourne. El popular circuito semiurbano de Australia lleva contando con el honor de abrir la campaña desde 1996, tan solo en alguna rara ocasión ese privilegio ha pertenecido a otro país, como puede ser el caso de Bahrein.

Algo que tampoco cambia nunca es la dificultad de Melbourne. Su falta de grip, el irregular asfalto y la proximidad de los muros hacen del Gran Premio de Australia uno de los más bonitos de la temporada, donde no hay nada escrito hasta que se completan las 58 vueltas que dura la carrera.

Esto supone que los pilotos tendrán que recorrer 307.574 kilómetros para completar la prueba, divididos en 5.303 km en cada una de las vueltas. Un circuito en general exigente, tanto para pilotos como monoplazas, debido al gran número de curvas de alta velocidad que concluye generalmente con fuertes frenadas. Esto obligará a los equipos a buscar una configuración intermedia, pensada para no perder tiempo a la hora de traccionar y a la vez, ser lo suficientemente rápido a la salida de las curvas.

Otro factor importante a tener en cuenta serán los neumáticos. Pirelli ha viajado hasta Australia con sus compuestos superblando y medio, una combinación arriesgada. Sin embargo, desde el fabricante italiano aseguran que los monoplazas no sufrirán elevados problemas de degradación, algo que por ahora es mejor poner en entredicho.

Por último, en cuanto al DRS, Melbourne no será una de las dos excepciones de la temporada, por lo que contará con dos zonas para su uso. La localización de las mismas es consecutiva y estarán separadas tan solo por una chicane, justamente la que se encuentra al final de la recta de meta del trazado australiano.


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