5 septiembre 2012 Análisis, Fórmula 1

Hablar de Monza nos obliga a realizar una excursión por los comienzos de la Fórmula 1. El circuito italiano, construido en 1922 y partícipe de las carreras de los mejores monoplazas desde 1950, es una de las pruebas más características del gran circo, siendo junto al Gran Premio de Gran Bretaña la única cita que ha persistido durante los comienzos de la misma.

Considerado por la gran mayoría como el templo de la velocidad, Monza es un trazado de 5,793 km, en el cual los pilotos darán un total de 53 vueltas, completando al final de las mismas 306,720 kilómetros y alcanzando en determinados sectores puntas superiores a los 335 km/h. Pero no todo es velocidad en el circuito italiano, también hay curvas muy famosas, por ejemplo la Parabólica o Variante Ascari, zonas críticas en las que frenar el monoplaza es toda una odisea.

Por este motivo, las escuderías preparan un set de alerones específicos para la ocasión, reduciendo al máximo la carga aerodinámica, un factor primordial para ganar algo más de velocidad punta. Pero no será el único elemento vital. El motor sin duda alguna es la parte técnica que más sufre en Monza, trabajando durante el 77% de la vuelta y siendo el encargado de entregar la potencia a los monoplazas. Por último pero no menos importante, la refrigeración de los frenos ha de ser tratada con mucho cuidado, debido a las fuertes frenadas del circuito italiano.

En cuanto a los neumáticos, Pirelli llevará a Italia los mismos compuestos utilizados en Bélgica, el duro y el medio, para una pista donde usualmente se alcanzan altas temperaturas y que suele tener un desgaste medio, con peligro de aparición de graining, lo que unido al tiempo de pit line, 19 segundos sin detención en boxes, podrían convertir una estrategia a dos paradas en lo ideal.

Para finalizar, la zona de DRS ha dado al Gran Premio de Italia la posibilidad de disfrutar de los adelantamientos, algo que en muchas ocasiones ha escaseado en Monza. A falta de confirmación, es muy probable que haya de nuevo dos zonas separadas, una en la recta de meta y otra después de salir de Lesmo y antes de llegar a Ascari.


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