9 enero 2012 Dakar, Historia

Luego de recordar el increíble robo del coche de Ari Vatanen durante el Dakar de 1988, llegamos al año siguiente y el Dakar se traslada nuevamente a África, en donde esta vez toman parte 473 competidores, sin contar a los camiones que este año no participan debido a lo accidentado de la carrera anterior. Y nuevamente Peugeot forma un súper-equipo para este año reteniendo a Ari Vatanen, que hizo equipo con Jacky Ickx, y a los Peugeot 405 T16 que nuevamente se perfilaban como los candidatos para ganar.

Y efectivamente, los Peugeot llegaron a las etapas finales siendo los candidatos para el triunfo, ya que la ventaja acumulada por Vatanen e Ickx era indescontable. Sin embargo, un hecho fortuito rompió con la armonía del equipo francés, gracias a la ocurrencia del entonces jefe de equipo Jean Todt, de tirar una moneda de 10 francos al aire para decidir quién ganaría el raid, ante la eventualidad de que la rivalidad entre Vatanen e Ickx arruinara la carrera para Peugeot.

La moneda cayó del lado de Vatanen, quien debía ganar. Ickx tendría que comportarse como fiel escudero de su compañero de equipo. No situamos ahora en la penúltima etapa y el rally, que ha atravesado la Libia de Muamar el Gadafi por primera vez, se acercaba a sus momentos finales. Ari Vatanen iba ganando en la suma de tiempos generales con relativa facilidad, mientras su compañero Ickx se situaba en segunda posición. Pero llegando a uno de los puestos de control, Ari Vatanen se pierde en el desierto cogiendo un camino equivocado; Ickx, que le seguía, se dió cuenta a tiempo del error y pudo cortar camino para arribar primero en la etapa de ese día.

El enfrentamiento entre ambos pilotos al llegar al parque cerrado fue áspero. Vatanen acusaba a Ickx de no haber cumplido con su parte del pacto. Ickx contestó diciendo que si bien habían llegado primero, lo hicieron a marcha lenta o, de lo contrario, la diferencia a favor hubiera sido indescontable.

La última etapa llegaba e Ickx comenzaba primero en el camino, con 20 segundos de diferencia sobre Vatanen. La etapa era corta (de hecho, la más corta de todas con solamente 40 kilómetros) y Vatanen debía ganar a toda costa. Jackie Ickx hizo lo único que podía hacer para salvar el triunfo de su compañero: pararse en medio del camino, esperar a Vatanen y continuar tras él.

No hubo sonrisas en el podio. Los comisarios se dividieron entre los que querían penalizar a Peugeot y los que no consideraron semejante maniobra como anti-deportiva. Ickx ni siquiera quiso brindar con el tradicional champagne. Y, en parte, tenía toda la razón por haber perdido todo un Dakar a manos de Jean Todt, de Ari Vatanen y de una moneda.

Vía | Wikipedia, El País


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  1. Bitacoras.com 9 enero 2012

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