3 enero 2011 Dakar

Nasser Al Attiyah

El Dakar 2011 ya se encuentra en pleno desarrollo y las primeras etapas comienzan a vivirse a través de los televisores y ordenadores de una gran parte del mundo. Mucho se mostró y mucho se vio de la espectacular salida que acaparó todas las expectativas de los aficionados del planeta, pero poco se apreció del desarrollo de la primera etapa de enlace entre las ciudades de Buenos Aires y Victoria separadas por 377 kilómetros de distancia.

Recta de Meta tuvo el privilegio de participar de esta primera parte de este ya mítico raid: un colaborador y amigo de nuestro sitio tuvo la posibilidad de entremezclarse en la vibrante caravana de competidores y equipos de apoyo y esta es la crónica que nos envió desde Buenos Aires.

Ni el sol que parecía resquebrajar el pavimento, ni el calor que emanaba del cemento de los edificios y de los rugientes motores pudo aplacar el entusiasmo de la multitud que se abarrotaba en todo el centro de Buenos Aires, especialmente al pie del obelisco en la Avenida 9 de Julio. Frente a este panorama, junto a mis tres acompañantes, decidimos cambiar de estrategia, porque, de todos modos, podríamos ver la salida cuando a la noche la repitieran en televisión.

Nos subimos a nuestro coche, un Palio Adventure y nos alejamos hasta un lugar estratégico. Estacionamos cerca de uno de las entradas a la autopista 25 de Mayo y encendimos la radio para enterarnos del momento de la largada. ¡Largaron! y nosotros subimos a la autopista que estaba prácticamente vacía. Comenzamos nuestra marcha a la mínima velocidad permitida y comenzamos a observar a mucha gente estacionada imprudentemente sobre la calzada y fuera de sus vehículos. Nosotros seguíamos lentamente y de pronto, justo en el empalme con la Autopista Perito Moreno, nos vimos invadidos por un aluvión.

Sin saber cómo ni por qué nos encontramos transitando en el medio de la cabecera del Dakar 2011, el rally más famoso del mundo. A un par de metros de nuestro coche, a bordo de sus respectivos ‘quads’, los hermanos Patronelli, Marcos, el ganador y Alejandro, tercero en la última edición, hacían flamear sus banderas argentinas en respuesta de los cientos, miles de personas que parecían querer arrojarse a sus pasos. A nuestra izquierda, a nuestra derecha, por todos lados, vehículos de apoyo y de la organización y móviles de las emisoras de radio que relataban lo que nosotros veíamos desde nuestra posición privilegiada. Poco después comenzaron a sumarse más competidores que iban llegando. Tuvimos la suerte de pasar el primer peaje justo antes que los Patronelli aunque cometimos la imprudencia de bajar brevemente de nuestro coche para verlos más de cerca.

Evidentemente, la adrenalina empezaba a nublar nuestra coherencia y unos 30 kilómetros más adelante decidimos reducir nuestra velocidad porque, de haber sido cronometrada esta primera etapa de enlace, hubiésemos sido los ganadores indiscutidos o, lo más probable, hubiésemos estacionado bruscamente con las ruedas mirando hacia el cielo. Decidimos seguir a marcha moderada y que nos fuera alcanzando el resto del primer pelotón. Iríamos deteniéndonos en distintos lugares, pero nunca imaginamos lo que iba a ocurrir: que habríamos de llegar hasta pocos kilómetros de Victoria, punto final de la etapa, en las entrañas mismas de la mesopotamia argentina.

En cada pueblo, en cada cruce de rutas; en cada rotonda eran miles de personas las que gritaban, saltaban y corrían. Gente de todas las edades. Los aficionados a los deportes mecánicos más jóvenes se autodefinían como “fierreros” y los más veteranos se auto reconocían como “tuercas”. El Dakar genera pasión en la Argentina. Parecía que todos los habitantes de las ciudades de Campana primero y la de Zárate más tarde hubiesen abandonado sus casas para quedarse a vivir al borde de las calles. Sombrillas multicolores, sillas plegables de campamento, banderas y telas pintadas que querían asemejarse a banderas, bebidas de todo tipo, frutas y el infaltable mate -la típica infusión de esta parte del mundo-, configuraban la casi surrealista escenografía de cada metro del derrotero.

Al filo de la tarde llegamos al lugar que sería nuestro punto final de la travesía. Un sitio inmejorable, en el corazón del fértil y solitario campo de la provincia de Entre Ríos, frente a una estación de venta de combustibles donde no había más de 50 personas. Allí mismo tuvimos la oportunidad de estar al lado de varios protagonistas del rally, algunos de ellos muy reconocidos, con los que compartimos algunos instantes y hasta tuvimos la oportunidad de intercambiar algunas palabras.

A lo largo del recorrido pudimos observar el paso de todos los competidores. Todos recibieron los aplausos de los aficionados argentinos y la mayoría de ellos los retribuyó. Sin embargo, las preferencias fueron marcadas: los que se llevaron las ovaciones más estruendosas fueron los participantes locales, obviamente, especialmente los hermanos Patronelli en quads, Orly Terranova a bordo de su BMW, Fontana, Silva y Spataro que hacían su debut en el Dakar luego de muchos años de experiencia en competencias en autódromos en distintas categorías. Pero también recibieron muestras de pasión los máximos candidatos como Peterhansel, Després y Robby Gordon con su impactante Hammer.

Un párrafo aparte merecen los españoles: Marc Coma es uno de los más queridos, pero el que genera amor incondicional en todos los argentinos es Carlos Sainz. No creo que el madrileño tenga real noción de cuanto se le admira en esta parte del mundo. A su paso, un hombre de mediana edad que estaba al lado nuestro, resumió la pasión que todos sienten, cuando, llevándose sus manos a la cabeza gritó: “¡no lo puedo creer, Carlos Sainz!”.

La noche comenzaba a caer justo cuando iniciamos el regreso. Contentos porque nos cruzamos con los primeros camiones casi inidentificables en la oscuridad y porque las mejores imágenes nos la llevábamos en nuestras retinas para siempre.

Lo que al principio fue una leve molestia en nuestros ánimos, se transformó en nuestra gran anécdota del día. Sólo llevamos una humilde cámara digital que falló en algunos instantes claves, pero gracias a nuestra obsoleta tecnología, cuando en la soledad de la ruta intentábamos registrar el paso de Nasser Al-Attiyah, el príncipe de Qatar se compadeció y mientras quitaba su pie del acelerador nos regaló un saludo exclusivo; para nosotros y para Recta de Meta.

Nuestro agradecimiento a Luis G. por su gran crónica y sus fotos y por acercarnos un poco más una de las pruebas más míticas del deporte mundial.


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