Mitos y leyendas del mundo del automóvil (IV)
Ricardo 9 Diciembre 2007
Cuarta entrega de la serie, de la que ya tenemos primera parte, segunda y tercera.
Quien lubrica bien, marcha bien
Cuidado, tampoco es bueno pasarse de cantidad.
Demasiado aceite puede hasta llegar a ser perjudicial para el motor. Hoy en día, la transmisión y el diferencial ya no requieren cambio de aceite. Es más, muchas piezas ni siquiera necesitan mantenimiento de ningún tipo. Los lubricadores de antes, que iban siempre untados de grasa, ya sólo se encuentran en los coches históricos.
Los automáticos consumen más
Los antiguos sí, los nuevos no.
Antiguamente, el convertidor de par y los embragues hidráulicos requerían mucha energía y aumentaban el consumo de combustible. Gracias a los programas de cambio inteligentes, se ha reducido la diferencia de consumo e incluso ha desaparecido. Los modernos sistemas aprovechan las zonas de revolución más económicas del motor.
Hay que ser cuidadoso con motores nuevos
Conveniente, no necesario.
Algunos avispados con motor nuevo tenían el truco de dejar pisado a fondo el pedal del acelerador un buen rato: si aguantaba, es que no se rompería jamás, y si se averiaba, mejor cuanto antes, en plazo de garantía. Con mimo hasta los 1.000 km.
Sobre hielo, salir siempre en segunda
Ya no es imprescindible.
Gracias al control de tracción (ASR), ha cambiado la historia. Ahora se puede arrancar sin más y dejar todo en manos de la electrónica. Incluso antes, “la segunda” era para personas que no supieran dosificar con tacto suficiente el acelerador/embrague en primera.
No lavar de inmediato un coche recién estrenado
Hoy ya no importa.
La advertencia procede de los viejos tiempos. Los coches antiguos tenían una capa de laca que necesitaba un plazo de tiempo, que podía llegar a un año, para endurecerse antes de ponerla a prueba con un lavado a fondo. Con las pinturas modernas esto ya no ocurre. La laca está lista desde el primer día. No hay ningun problema en llevar el coche directamente al autolavado al salir del concesionario.
Los neumáticos de invierno estrechos son mejores
Verdadero, sobre todo si la carretera está nevada.
La presión del neumático por centímetro cuadrado es mayor cuando se reduce la superficie de apoyo. Agarran más y mejoran la tracción. Cuanto más estrecho, mejor, también para condiciones de lluvia. Pero precaución al frenar con ellos en condiciones normales de carretera. En ese caso, al ser más estrechos, tienen menos agarre y es más fácil que patinen. Cuando vuelve el calor, no olvides cambiar a los de verano.
Vía | Autobild
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