8 noviembre 2016 Historia, Normativa

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Hoy, cuando nos subimos al coche, lo primero que hacemos es ponernos el cinturón. Después nos aseguramos que todos, incluso los ocupantes de la parte trasera, lo llevan puesto. No se trata solo de que hay fuertes multas para los que incumplan la norma de llevarlo siempre puesto y ajustado, sino que somos conscientes de que al mínimo golpe saldrán despedidos hacia la parte delantera y pueden sufrir e incluso provocar serios daños.

Pero esta percepción de la seguridad al volante no se ha tenido siempre y hace solo unos años, no era tan común tener estas precauciones cuando íbamos en coche. Los que crecimos en los años 70 y 80 tenemos unos recuerdos que hacen que se nos ponga erizados los pelillos de los brazos. Éramos testigos de situaciones que resultaban auténticos riesgos para la integridad de los ocupantes del coche, de cosas que no haríamos ahora bajo ningún concepto.

El cinturón de seguridad

Colocarse el cinturón de seguridad era un objeto prescindible antes de los años 90. Eso de colocarse el cinturón parecía cosa de principiantes y motivo de burla de los conductores más veteranos. Si alguien utilizaba el cinturón de seguridad al volante, se le tildaba de poco capaz de conducir. Si se trataba del acompañante, el conductor le miraba como si no se fiara de él. Para evitar los efectos del golpe, bastaba la fuerza de los brazos para controlar el impacto. Y todo el mundo lo sabía.

Además, corría aquella leyenda urbana en la que un conductor se quemó en su coche tras un golpe, porque se atascó el cierre del cinturón y no pudo salir a tiempo. También se tenía en cuenta de que un golpe con el cinturón provocaba serios daños en el pecho y el abdomen. Lo de imaginarse las consecuencias que tendría ese mismo golpe sin cinturón, no se tenía en cuenta, desde luego.

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En la parte trasera, viajábamos incluso acostados en los asientos. Y sin sillita de sujeción infantil, totalmente desprotegidos y sin posibilidad de sobrevivir sin daños en cualquier accidente, por pequeño que sea. Una temeridad que hoy en día no permitiríamos a nuestros peques.

Por suerte, con la llegada de los años 90 muchas cosas cambiaron, los airbags comenzaron a ser comunes y el uso del cinturón se popularizó, desterrando estas historias de miedo que impedían su uso.

El chapuzas en casa

Las dos últimas décadas han traído muchas novedades en lo que respecta a la seguridad víalLas averías en los coches no es nada nuevo. Pero la mecánica del coche también ha cambiado mucho en las últimas décadas. De motores eminentemente mecánicos, hemos pasado a otros en los que la electrónica es parte fundamental de su composición, por lo que se requiere herramienta más específica. Antes, cualquier chapuzas podría realizar trabajos en el motor, aunque no tuviera la formación adecuada.

Los cambios de aceite en casa eran mucho más comunes que ahora. ¿El aceite cambiado? Pues acababa en garrafas, que eran lanzadas en cualquier lugar, donde no molestara. Las pequeñas chapuzas, realizadas por mecánicos aficionados o sin las herramientas adecuadas, eran bastante comunes. Los resultados de ello eran averías más graves y más difíciles de arreglar, por lo que causan esas averías mal solucionadas.

Las luces

Las luces de los coches tienen dos funciones muy claras. La primera es vernos durante las horas en que no hay luz natural. La segunda es permitir que nos vean en esos momentos en que la visibilidad es nula o muy baja. En los años 70 y 80 las luces servían para estos fines, pero las tecnologías han mejorado la funcionalidad de estos elementos de seguridad. Los faros han ganado en luminosidad y en alcance.

La tecnología tradicional ha pasado por adelantos importantes y hemos visto la llegada de los faros de xenón, que permiten un haz de luz más eficiente. Luego ha llegado la revolución de las luces LED y todas las sucesivas evoluciones que han seguido a estos adelantos. La tecnología láser también ha sido protagonista de este adelanto y ha llegado para mejorar las posibilidades con que nos encontramos.

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Las luces diurnas, algo que es relativamente nuevo en nuestro país, también ayudan a mejorar la visibilidad de los vehículos durante los recorridos diurnos, algo que parecía de marcianos hace no muchos años.

A todos estos adelantos técnicos, se ha de añadir todos esos sistemas de apoyo a la conducción que han ido incorporándose al equipamiento de los nuevos modelos. No estamos cerca a la conducción autónoma, al menos, la inmensa mayoría de los conductores, pero contamos en nuestros coches con sistemas de aviso de cambio de carril, cámaras para controlar la parte trasera y muchos otros elementos que nos ayudan a mejorar nuestra seguridad al volante.


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