ALFA ROMEO 4C

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Hace tiempo, un servidor, aún imberbe, soñaba a diario con superdeportivos, con mega coches con diseños espectaculares y prestaciones de miedo.

Hoy, tras muchos años, tengo el honor de traer esta semana a la sección de pruebas de Highmotor otro "sueño", el regreso de una marca como Alfa Romeo a un segmento que nunca tendría que haber abandonado, el de los deportivos. Éste es el Alfa Romeo 4C.



Diseño exterior

Vaya por delante que en todas las apreciaciones relativas a la belleza de las líneas y formas de este coche va implícita una carga emocional y subjetiva que si bien no debería -y así intentaré que sea- puede no resultar agradable para todos los lectores. Si es tu caso, lo siento, pero tal vez esta prueba no sea para ti.

El 4C es, posiblemente, el ejemplo más claro y fehaciente de que aerodinámica y belleza pueden trabajar de la mano sin molestarse, dando como resultado una de las carrocerías más atrayentes de las últimas décadas, sin ningún género de duda. Exteriormente, el 4C mide 3.99 metros de largo, 1.86 metros de ancho y apenas 1.18 metros de alto. Es, por tanto, uno de los deportivos más compactos del mercado.



Este pequeño italiano es uno de los pocos coches en los que uno no es capaz de destacar una faceta del diseño que destaque poderosamente sobre el resto, más allá de los gustos personales. Empezando por el frontal, con una clara identidad Alfa, uno se encuentra con un paragolpes envolvente, muy bajo, en el que apenas tienen cabida tres entradas de aire, con la central en forma de biscione, como no podía ser de otra manera.

Los faros tienen esa forma tan peculiar, sin carenar, que tanto ha dado que hablar. Apenas se componen de una óptica para la luz de cruce/carretera, otra para los intermitentes y cinco puntos de luz para la iluminación diurna. Todo el sistema es LED a excepción de la intermitencia.
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