9 agosto 2017 Seguridad

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Al acabar un viaje, tu parabrisas muestra los restos de la masacre provocada entre los insectos. Y eso es un grave problema. El 90% de la información que recibe el conductor le llega a través de la vista y esta trabaja fundamentalmente con lo que percibe a través del parabrisas del coche, de ahí la imperiosa necesidad de que la superficie acristalada de tu vehículo se mantenga lo más limpia y reluciente posible. Y esto es ahora —y más aún en el futuro— incluso más obligado que antes, puesto que es en el parabrisas donde se alojan (y se van a disponer) buena parte de los sensores del sistema ADAS (y de los que captarán los datos para las distintas funcionalidades de conducción autónoma). Llevarlos limpios y bien lavados resulta por tanto imprescindible.

Es inevitable que, tras el viaje, el parabrisas de nuestro coche acabe lleno de insectos estampados sobre él, cuyos restos —especialmente cuando se han secado bajo el sol— son realmente difíciles de limpiar. El primer consejo es limpiar el parabrisas más frecuentemente que en otras épocas del año o cuando sólo usamos el coche en ciudad. Al hacerlo, siempre con agua o líquido limpiaparabrisas, pues de lo contrario lo único que haremos será extender la mancha por el cristal y aumentar la zona que compromete la visibilidad, creando con ello más peligro en la carretera.

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Si accionas los limpiaparabrisas con el coche en marcha y llevas el sol de cara, durante unos segundos tu visión de la carretera se enturbiará. Y, cuanto más desgastados tengas los limpiaparabrisas, más tiempo tardarás en recuperar una visión nítida de la vía. Esto mismo sucede igualmente cuando caen sobre el coche las típicas tormentas de verano, que además de agua descargan gran cantidad de polvo sobre el parabrisas. Si utilizamos entonces las escobillas, lo único que haremos será extender la suciedad.

En esos casos, lo mejor es detenerse y limpiarlo bien o esperar a llegar a casa para limpiarlo correctamente. Allí podemos utilizar agua con jabón o con algún producto de limpieza doméstico para limpiarlo. En estos casos, tómate tu tiempo. Extiende el producto sobre la superficie del parabrisas y déjalo actuar. Pasado un rato, limpiar el parabrisas de restos de insectos o de polvo te será mucho más fácil. Tendrás que frotar mucho menos los restos de la superficie y no dañarás la superficie del cristal. Lo mejor es utilizar un paño blando y, si utilizas un cepillo, que tenga las cerdas suaves. Trata de no ejercer demasiada presión sobre el cristal y muévelos siempre sobre su superficie empleando movimientos giratorios. Si los restos de insectos o del polvo de la lluvia no se van, mezclar agua con bicarbonato de sodio en un paño de microfibra para limpiar también produce buenos resultados.

El polvo y la arena de las playas o del campo son otros de los grandes enemigos (también de la pintura del coche) de tu parabrisas en esta época del año. El ambiente seco y las elevadas temperaturas propician que haya más arena en el ambiente de lo habitual, especialmente en zonas costeras donde la brisa marina ayuda considerablemente a ello. La arena en suspensión se deposita lentamente sobre el asfalto de las carreteras y esta es luego levantada de nuevo por los coches a su paso. Esta es la razón para que esa arenilla acabe encima de tu parabrisas o para que en verano se incremente notablemente el número de parabrisas rotos o dañados por los impactos de los chinazos. Si además aparcas tu coche cerca de una playa, la probabilidad de que te encuentres el parabrisas lleno de polvo aumentará considerablemente.

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En esos casos, lo mejor sería siempre limpiar el parabrisas levantando la arenilla del mismo modo como llegó hasta allí: soplando. Claro, que no todos tenemos pulmones suficientes ni un compresor a mano. El problema está en que si utilizas los limpiaparabrisas podrías dañar la superficie del parabrisas y rayar el cristal. Lo mismo sucede en las ventanillas laterales si accionas el elevalunas para limpiar el cristal. El mejor sistema es recurrir al agua para retirar la mayor cantidad de tierra de la superficie del cristal. Llevar una garrafa de agua en el maletero no sólo puede ayudar, sino que es una acción especialmente recomendable en verano.

Pero sin duda lo mejor para proteger los cristales del coche es, como en muchos otros casos, actuar preventivamente. En establecimientos especializados en la reposición y reparación de cristales se ofrecen tratamientos especiales que no sólo mejoran la visibilidad bajo la lluvia o la nieve al permitir que las gotas de agua o copos de nieve “deslicen” mejor sobre la superficie del cristal, sino que también consigue que tanto los restos de los insectos o la suciedad y el polvo no se adhieran tan fácilmente sobre el mismo facilitando así considerablemente su limpieza.

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Y recuerda llevar en correcto estado tus parabrisas estas vacaciones. Por primera vez, este verano los agentes de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil han incluido en sus campañas de vigilancia y observación el estado del parabrisas. Es una muestra más del creciente papel que se le da a este elemento de cara a la seguridad.

Además de por una mayor afluencia de coches en las carreteras en verano es cuando mayor número de roturas de parabrisas se producen, no sólo por incidentes en carretera, también a coche parado. Esto se debe a que las temperaturas extremas que se alcanzan y las diferencias térmicas que ello provoca genera grandes tensiones en los cristales de coche que favorecen una mayor fragilidad de los mismos en caso de impacto o que el parabrisas se acabe rajando rápidamente.


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