10 diciembre 2011 Curiosidades, Históricos

Hace pocos días una mujer fue atropellada en París por un Pininfarina B0, un coche eléctrico de alquiler de Autolib, convirtiéndose en la primera persona atropellada por un vehículo eléctrico de última generación. Aparentemente esta mujer no oyó el motor del coche aproximándose, simplemente por la ausencia de ruido de motor. Afortunadamente solo sufrió golpes sin importancia.

Esto me ha llevado a intentar un nexo entre este caso de atropellamiento, en la actual “nueva era” del coche eléctrico, el primer atropellamiento de la historia, en los inicios del automóvil y otros accidentes que fueron “los primeros”. Y ha resultado que los datos históricos que uno se va encontrando por el camino son de lo más interesantes.

Comenzamos por la primera persona atropellada por un automóvil. El 17 de agosto de 1896, la británica Bridget Driscoll era la primera víctima de un atropellamiento, al ser embestida en Londres por un coche de demostración de una compañía llamada Anglo-French Motor Carriage Company conducido por un tal Arthur Edsall. Por desgracia, la mujer murió a pesar de que el vehículo no iba a más de 7 km/h, que era su velocidad máxima.

Pero los eléctricos, muy populares a comienzos del siglo XX, darían muy pronto de qué hablar en cuestión de accidentes; el 13 de septiembre de 1899, Henry Bliss murió atropellado por un taxi eléctrico en la ciudad de Nueva York. Después de más de un siglo, diversas agrupaciones de víctimas de accidentes en EEUU todavía recuerdan a Bliss en sus homenajes anuales.

La primera víctima de un coche impulsado por vapor ocurrió en Irlanda. Una científica aficionada llamada Mary Ward, que cobró fama gracias a sus ilustraciones y estudios en ciencias naturales, cayó del coche a vapor en el que viajaba como pasajera. Para su mala suerte, una de las pesadas ruedas de hierro del vehículo le pasó por encima.

El primer choque de un vehículo que no involucró a otro, se produjo aproximadamente en 1770, cuando Nicolas-Joseph Cugnot chocó con su triciclo contra una pared a la pasmosa velocidad de 4 km/h. Este vehículo montaba sobre la rueda delantera una caldera y un motor de dos cilindros verticales y (agárrate) 50 litros de desplazamiento. Este accidente es similar al que sufrió en carne propia Carl Benz, muchos años más tarde, al probar uno de sus prototipos.

El primer accidente que involucró a dos vehículos tuvo lugar entre un coche y una bicicleta, en Nueva York. Mientras un Durye Motor Wagon circulaba tranquilamente, por una calle paralela iba Evelyn Thomas en su bicicleta. Ambos vehículos se cruzaron más adelante, chocando. Por fortuna no se repetía la constante de “hombre contra máquina igual a hombre muerto” y la víctima no sufría daño alguno.

Salvo los dos anteriores, los primeros accidentes eran en su mayoría fatales. El descomunal peso de los primeros vehículos, las ruedas sólidas como piedras o de hierro en muchos casos, su diseño con cantidad de bordes y filos y la casi absoluta falta de frenos en la mayoría, hacían que una foto tan tonta como la de la portada de este artículo, se convirtieran en una desgracia.

Fuentes | Anfrix, Wikipedia, Straight Dope


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