15 diciembre 2011 Historia, Otros Salones

Llegaba el momento de hacer debutar el Porsche 917, pero no todo salió como se esperaba, lo que prometía ser un debut soñado, acabó siendo una pesadilla. Los pilotos literalmente sentían miedo al conducir la primera versión del 917, el agarre del coche era muy deficiente. 



Porsche siguió adelante con su idea de correr en Le Mans con el 917, pensaban que las largas rectas se adaptarían bien al coche, pese al temor de los pilotos, tres unidades se inscribirieron para la cita. La cosa pintaba bien, Rolf Stommelen y Kurt Ahrens Jr. lograban la pole con su Porsche 917 de Lang Heck, sin embargo, en la carrera todo se vendría abajo.

Uno de los tres 917 sufrió un fatal accidente que causó la muerte de John Woolfe. Las otras dos unidades de 917 tuvieron que abandonar por diversos motivos. Los Ford GT40 volvían a ganar, eso sí, con un Porsche 908 en su estela, ¡SÓLO DOS SEGUNDOS DE DIFERENCIA!, la distancia mínima en toda la historia de la prueba.

Porsche investigó sobre cuál podría ser la causa del mal comportamiento a altas velocidades, llegando a la conclusión de que se trataba de un problema aerodinámico, más concretamente de la larga cola que equipaba la primera versión del 917.

 Probaron con una modificación que reducía la longitud de la cola y añadía unos nuevos apéndices aerodinámicos, y los resultados fueron asombrosos, el agarre a todos los rangos de velocidad se veían aumentados, había dado con la tecla, había nacido la leyenda.



Esta modificación fue nombrada como 917K y con ella llegaron los tan ansiados éxitos. En 1970 Porsche dominó el mundial de resistencia, usó el 908/03 para los trazados con muchas curvas y el 917K para los de largas recta, al menos veinte de los 917 originales fueron actualizados a la versión K, y otros doce fueron construidos.

En este mismo año le aguó a Ferrari el debut del 512, y como era de esperar, logró el objetivo que tanto había deseado Porsche, la victoria absoluta en las 24 Horas de Le Mans. El equipo formado por el alemán Hans Herrmann y el inglés Richard Attwood se alzó con el triunfo en la prueba, en el podium les acompañaron otros dos Porsche.

El siguiente año fue otra muestra de dominio aplastante por parte del 917, el mismo miedo que sentían los pilotos al conducir las primeras unidades, lo sentían ahora sus rivales.

El reinado del 917 continuó en el popular campeonato norteamericano Can-Am, con un motor turbo de más de 1.100 caballos de potencia.

Vía | Ultimatecarpage


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  1. Bitacoras.com 15 diciembre 2011

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