
Hay problemas dentro de Red-Bull; cuando no se puede ganar, hasta el problema más insignificante es usado como detonante para un problema mayor. En este caso, el centro de la tempestad será Sebastian Vettel, ya que ha desobedecido las ordenes del equipo que le ordenaban que abandonara la carrera.
Los mensajes del equipo son muy confusos. Llegado cierto momento del GP de Malasia, su ingeniero de pista le ordenaba casi desesperadamente que detuviera el coche. Unos segundos después le decían que continuara, para después volver a repetirle que abandonara la carrera debido a las altas temperaturas en los frenos.








