1 junio 2017 Curiosidades, Normativa

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Estos días estamos viviendo una vez más el enfado del gremio de los taxistas ante la irrupción en el mercado del transporte privado de personas de las plataformas digitales que utilizan los servicios de empresas de alquiler de coches con conductor y autónomos con licencia CVT. Es una vieja disputa que hoy está más activa que nunca a causa de la huelga de taxistas que han sufrido las principales ciudades del país, para hacer visible esas quejas.

Y es que los taxistas se ven atacados por estas nuevas plataformas, que ofrecen a los clientes un método de transporte alternativo al taxi, con unos estándares de calidad muy diferentes y que resultan, en muchos casos, más eficientes y más económicos para las personas que quieren desplazarse por ciudad. Ambos modelos tienen una serie de ventajas e inconvenientes, así que es complicado saber cuál de las dos es más atractiva, pero parece que la balanza se decanta por las segundas, ya que tienen una imagen más limpia, más colaborativa y más atractiva para el usuario.

El taxi, un mercado muy regulado

El mercado del táxi está muy regulado y es necesario que los taxistas dispongan de una licencia para operar en cada ciudad, que cuesta una considerable cantidad de dinero. Además, existen férreos límites para el desarrollo de la actividad, que los taxistas no pueden superar y que hace que sea muy difícil que ningún conductor opere fuera de la normativa que rige la actividad. Pero ni Uber ni Cabify tienen estas limitaciones, así que es más fácil tener una competencia, lo que permite mejores precios.

Desde el punto de vista del usuario, existen varias quejas sobre el uso del táxi frente al de los servicios de los conductores de Uber y Cabify. Se trata de algo muy simple. En la mayoría de taxis, el amo absoluto es el taxista. Subimos a su coche y es él quien decide qué emisora escuchar, el estado del vehículo y si huele o no a tabaco. Además, el conductor puede decidir que es necesario comentar las noticias de una radio que no nos interesa escuchar o “disfrutar” de sus gustos musicales.

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Las nuevas plataformas, más flexibles y con mejor servicio

En el caso de los conductores de las plataformas, el pasajero es el dueño del espacio que ocupa. Por regla general, los coches están bien cuidados, el conductor suele comportarse con mucha educación y pregunta si la emisora es adecuada o si prefiere escuchar alguna otra cosa. No se fuma en el vehículo y existe a disposición del pasajero un botellín de agua e incluso un punto de carga para el dispositivo móvil. El precio puede variar, pero suele ser más competitivo que el del táxi.

Las diferencias son bastante importantes, aunque insisto en que se trata de generalizaciones y que en la mayoría de los taxis no se producen esos extremos que pueden llegar a molestar a los pasajeros. Eso sí, el equipamiento de un punto USB para cargar dispositivos y el botellín de agua brillan por su ausencia. Pequeños detalles que hacen más agradables los trayectos en estos coches con conductor.

Tecnología más actual en ambos servicios

La principal diferencia que existía entre el servicio de taxi y el de Uber o Cabify residía en la facilidad de conseguir un vehículo. Hay más taxis y es más sencillo obtener el servicio de uno, llamando por teléfono o parando uno por la calle. En el caso de las nuevas plataformas, solo hay que instalar la app, darse de alta y solicitar un vehículo. La app ofrece la solución más adecuada en cada momento y a través de ella se puede ver incluso el tiempo que tardará en llegar hasta el punto de recogida.

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Además, el taxi suele aceptar solo dinero en efectivo y aunque cada vez es más común encontrar a profesionales con datáfono para el pago con tarjeta, las altas comisiones de las entidades financieras hacen que muchos de lo piensen a la hora de utilizarlo. En cambio, las aplicaciones permiten el pago a través del móvil, así hay muchas más ventajas a la hora de pagar. Esta diferencia se ha ido acortando entre uno y otro sistema, ya que muchas compañías tienen ya aplicaciones que utilizan tecnologías similares y que permiten tener localizado el coche, el tiempo que tardará en llegar al punto de recogida y pagar a través de la app.

El problema de todo está en un mercado muy regulado, frente a otro que acaba de nacer y que todavía tiene que ser auditado y ver como funciona antes de marcar la regulación que permita tener controlado el servicio y dejar que la competencia entre ambos mundos no esté separada por un abismo tan grande. Hay que dejar claro que Uber no gestiona los vehículos que prestan el servicio, sino que simplemente hace de intermediario entre el cliente y la empresa con los vehículos con licencia CVT, la que tienen estos coches con conductor.

La solución parece muy complicada, pero supongo que después de unos para ajustar los límites de cada uno de estos dos servicios, acabarán funcionando de manera similar y será solo cuestión de qué tipo de transporte se necesita, con tarifas y servicios similares. Eso esperamos, al menos.


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