5 junio 2015 Eléctrico, Industria, Todoterrenos / SUV

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La alianza que Mazda y Toyota comunicaron oficialmente el mes pasado supone uno de los proyectos de colaboración más interesantes a medio y largo plazo. Aunque no alcanza el grado de fusión que le gustaría ver al presidente de FCA, Sergio Marchionne, dará fruto a productos que compartan algunas de las soluciones mecánicas y técnicas más recientes de cada fabricante.

Del acuerdo, ambas partes únicamente señalaron datos ambiguos y muy vagos de las iniciativas que planean. Pero motoring.com.au ha averiguado más acerca de lo que se proponen Mazda y Toyota. Una fuente próxima al gigante nipón le ha revelado que esta trabaja en un SUV compacto -la revista japonesa Best Car aventura un tamaño similar al del Mazda CX-3– que empleará el motor diésel 1.5 SKYACTIV-D de la marca de Hiroshima.

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Este SUV se montará sobre la plataforma de la tercera generación del Toyota Prius, aunque aún es pronto para determinar si también empleará un sistema de propulsión híbrido. Según esa fuente, Toyota tiene intención de que este modelo ofrezca una autonomía pareja a la del Prius y una conducción mucho más agradable.

El vehículo en cuestión representará tan solo una de varios coches que desarrollará Toyota con el mencionado motor diésel. Este abanico de productos se dirigirá principalmente a Europa, todavía más aferrada a este combustible que otras regiones, de modo que cabe pensar que el SUV lo veamos aquí antes que en otros mercados.

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Un segundo pilar definido en el pacto apunta a adaptarse a las futuras normativas de emisiones contaminantes mucho más duras y estrictas que se promulgarán en los Estados Unidos. Toyota, más avanzada en estos deberes, ayudará a Mazda a diseñar un utilitario eléctrico pensado para ese país y Japón que se impulsará con tecnología de la primera.

Competidor potencial del BMW i3, las fuentes con las que ha contactado motoring.com.au hablaron de características como tracción delantera, una autonomía que rondará los 200 kilómetros y un precio unos 11.000 euros más barato que el del eléctrico alemán.

La cooperación entre Mazda y Toyota contribuirá, en general, a que ambas progresen con sus respectivos automóviles movidos por energías alternativas. Compartir gastos de I+D hará posible estimular en mayor medida los avances en las infraestructuras de repostaje de hidrógeno, una espina que tiene clavada Mazda y que Toyota promociona con su nuevo Mirai, al que también le ha echado el ojo BMW.

Vía | motoring.com.au


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