Prueba Suzuki Swift Sport Hybrid: Juventud, divino tesoro

Prueba Suzuki Swift Sport Hybrid: Juventud, divino tesoro

Escrito por: Javier López   @jlopezbryan96    14 agosto 2020     14 minutos

En esta ocasión nos hemos puesto a los mandos del Suzuki Swift Sport Hybrid, variante más picante del utilitario que llega para recuperar un importante legado.

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas, para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro
y a veces lloro sin querer

Espero que me permitáis empezar este artículo reproduciendo la primera estrofa de Juventud, divino tesoro, poema del incombustible Rubén Darío y cuya presencia terminará cobrando sentido una vez que hayáis terminado de leerlo. Y es que el protagonista de esta prueba, el pequeño Suzuki Swift Sport, se ha encargado de emanar en mí una serie de sentimientos que me han trasladado directamente a los versos del poeta nicaragüense, quien, con gran maestría, expresa la nostalgia que le provoca la pérdida de la juventud.

El pequeño utilitario nipón se convirtió en mi primer compañero de pruebas tras el confinamiento, y debo admitir que la conservación de esta fórmula que otrora tanta cabida tuvo en el sector automovilístico despertó en mí una insaciable emoción. Y es que el Swift Sport evoca directamente a aquellos pequeños deportivos que militaron en los años 80 y 90 ofreciendo una imbatible relación peso-potencia en la que superar el umbral de los 200 o incluso 300 CV no era requisito imprescindible como en la actualidad.

Un diseño picante, fuerte y atractivo

Era un lunes por la mañana y yo me encontraba realizando diferentes quehaceres mientras esperaba a mi encuentro con el pequeño -pero matón- Swift Sport. Allí estaba rematado en el llamativo Azul Speedy, tonalidad que encaja a la perfección con la personalidad de la que goza el utilitario japonés. Me subo y rápidamente saco dos conclusiones: lo bien que agarran los asientos y la alta posición de conducción, algo que desgraciadamente no puedo resolver ya que la banqueta se encontraba en su altura más baja.

Prueba Suzuki Swift Sport Hybrid4

Pero no quiero ser pejiguero a estas alturas del artículo, así que, de momento, me limitaré a hablaros sobre la estética del Swift Sport. En una primera instancia nos encontramos con un coche, a mí parecer, con músculo, garra y chispa. Esto lo vemos reflejado rápidamente en el frontal, donde un splitter rematado en símil de fibra de carbono hace ademanes de un carácter deportivo.

Prueba Suzuki Swift Sport Hybrid10

Misma sensación nos transmite el lateral, donde se asientan una taloneras conferidas en ese plástico negro capaces de aportar picante a esta receta tan añorada junto a unas llantas de 17 pulgadas y diseño específico. También destaca la suavidad y limpieza de su diseño después de la erradicación de las manetas de las puertas posteriores, las cuales ahora se colocan en el pilar C provocando que no resulte del todo cómodo accionarlas. Pero es la zaga la zona que más atractivo emana gracias a un difusor bastante llamativo, a un acentuado alerón y a una doble salida de escape de verdad de la buena. Gracias, Suzuki.

Un habitáculo que sigue las normas del juego

Cuando hablamos de un coche de corte deportivo no solo esperamos una estética picante y con ritmo, sino también un habitáculo a la altura. A rasgos generales, son muchas las marcas las que aprovechan para dotar a sus hot hatchbacks de elementos específicos capaces de marcar una diferencia respecto a las variantes más sencillas de las que parten. El caso del Suzuki Swift Sport no es diferente.

Prueba Suzuki Swift Sport Hybrid13

Un volante -de grandes dimensiones- achatado por abajo y rematado en plástico negro y símil de cuero nos recibe con cierto regusto a deportividad. Sin embargo, este rápidamente se encuentra mermado por los que para mí han sido protagonistas indiscutibles en el interior del Swift: sus asientos. Estos adoptan la forma de un backet ofreciendo no solo una apariencia muy pegadiza con el concepto que vende el utilitario japonés, sino también un buen mullido que nos permitirá invertir en ellos numerosas horas sin que nuestra espalda se resiente.

Gobernando el salpicadero nos topamos con un cuadro de mandos clásico, con dos esferas analógicas y una pantalla central TFT que nos ofrece información de lo más interesante, como la presión del turbo, fuerzas g o cómo está trabajando el sistema mild-hybrid del que os hablaré unos párrafos más abajo. No obstante, una pantalla de 4,2 pulgadas posicionada en el centro será la que más acapare nuestra atención.

Prueba Suzuki Swift Sport Hybrid6

No os voy a engañar: no tiene una respuesta fluida ni ofrece un sistema de infoentretenimiento generoso, contando con funciones muy limitadas. Sin embargo, sí que presenta una gran ventaja que nos permitirá subsanar su vetusto comportamiento. Y es que nos obsequia con la conexión mediante Apple CarPlay o Android Auto, obligando a que nuestro smartphone sea el encargado de orquestar las funciones de un sistema de infoentretenimiento que requiere de una urgente actualización.

En lo que a materiales se refiere el plástico duro hace acto de presencia por doquier, dejando las piezas blandas relegadas a zonas muy concretas. No en balde, los ajustes en general son buenos, no escuchamos crujidos y, personalmente, creo que es un material que encaja a la perfección con ese concepto de GTI en el que lo que importa es conseguir una relación peso-potencia lo más armoniosa posible.

Prueba Suzuki Swift Sport Hybrid14

Por otra parte me veo en la obligación de hablarlos sobre las plazas traseras, unas plazas en las que podrán viajar sin grandes reparos dos adultos de estatura media. Como suele ser habitual, la plaza central ha sido concebida para trayectos cortos o para niños, aunque su mullido respaldo y un túnel de transmisión no demasiado acusado nos permitirá viajar con más comodidad de lo que pensamos.

El maletero de 265 litros es el esperado en un coche que coquetea con los 4 metros de longitud. No es ni muy profundo ni muy alto, pero nos servirá tanto para cubrir nuestros quehaceres diarios o incluso para realizar algún viaje con dos maletas de cabina. Por supuesto también está presente la posibilidad de abatir los asientos de la fila posterior y gozar de unos más generosos 947 litros.

¿Fiel a su legado?

Pero ya basta, ya es suficiente, quiero -y me estoy muriendo de ganas- hablarlos de lo que me ha transmitido el pequeño Swift Sport durante nuestra semana de andaduras juntos. Pero, ¿dónde diantres están mis modales? Antes de ello debo presentaros al encargado de dar vida a esta última generación del utilitario deportivo que, por primera vez en su saga, hace uso de dos sistemas: el turbo y la microhibridación.

Prueba Suzuki Swift Sport Hybrid19

Estamos ante un propulsor de 1.4 litros y cuatro cilindros en línea sobrealimentado por turbo capaz de erogar 129 CV a 5.500 rpm y 235 Nm de par entre las 2.000 y 3.000 rpm. Además, este se encuentra apoyado por el ya mencionado sistema mild-hybrid que, pese a no intervenir en solitario durante la conducción, sí que ayuda a reducir los consumos, aporta 14 CV y 35 Nm extras y baja considerablemente las emisiones, dotando al pequeño Swift Sport de la ansiada etiqueta ECO.

Pero, ¿qué es lo que pasa cuando pulsamos el botón Start/Stop de nuestro protagonista? Permitidme que haga uso de un punto de vista más desenfadado y personal para describiros con exactitud lo que he sentido a los mandos del que para mí es uno de los pocos vehículos contemporáneos que se atreve a recuperar una de las tradiciones automovilísticas más bonitas, sanas y puras de todos los tiempos.

Prueba Suzuki Swift Sport Hybrid15

Para ello, debo remontarme a aquel lunes de julio en Madrid, donde el sol ya golpeaba sin piedad como es costumbre en esa -y esta- época del año. Abro la puerta del que se convertiría en mi compañero de aventuras durante una semana y me topo con lo que os describía unas líneas más arriba: una posición de conducción demasiado alta a la que me tengo que acostumbrar. Me adapto y decido recorrer los primeros kilómetros por el casco urbano de la capital aprovechando las ventajas que me otorga la etiqueta ECO.

El Suzuki Swift no engaña en dicho entorno. Me encuentro con un vehículo dócil y amigable que se siente como pez en el agua por las calles más angostas de Madrid. Sus 3,89 metros de largo son ideales para callejear y estacionar en casi cualquier aparcamiento, a lo que debemos sumarle una cámara de marcha atrás que siempre es bien recibida. Su dirección no es pesada a baja velocidad y me encuentro con un tarado de la suspensión bastante acertado, ni muy duro ni muy blando, lo que me permite afrontar con diligencia y sin miedo los rotos del asfalto madrileño.

Prueba Suzuki Swift Sport Hybrid3

Tras registrar unos más que aceptables 7,9 litros a los 100 en el ordenador de abordo, decido poner rumbo hacia Galicia, mi tierra natal. Salida A6 dirección A Coruña, abandono el Túnel de Guadarrama y decido relajarme para conocer la faceta más viajera del Swift Sport. Pongo el control de crucero, mi playlist favorita y experimento un vehículo con un rodar fino, con un aplomo en autopista que no me esperaba y con un buen aislamiento.

Transcurren las horas y los kilómetros y me topo con algo de tráfico, así que adopto una actitud menos parsimoniosa y tomo yo el control absoluto del Swift. Unos cuantos camiones me obligan a reducir varias marchas en una caja de cambios con un buen tacto, recorridos bien guiados pero algo largos para mi gusto. Acelerador a fondo y los 235 Nm de par hacen acto de presencia con entusiasmo, ofreciendo un contundente empuje en los primeros compases del tacómetro. Y es que estamos ante un motor con fuerza y que en ningún momento sentiremos falta de potencia, al contrario, parece que sigue desarrollando los 139 CV de antes e incluso más.

Estoy más lejos que cerca del límite de velocidad de las autopistas españolas, así que decido aminorar la marcha y tomármelo con tranquilidad para así encontrarme de nuevo con esa suspensión no demasiado intrusiva cuando buscamos el confort de marcha y con unos asientos mullidos y confortables pese a su deportiva apariencia. El paso del tiempo no cesa y decido parar a descansar una hora de la mano de un café con leche.

Mientras lo degusto aprovecho para analizar con detenimiento al Swift Sport, un coche que, cuanto más lo miro, más me gusta. Tiene presencia, tiene músculo, tiene algo que mola y que lo hace especial, pero, «¿transmitirá eso mismo cuando me enfrente a las carreteras reviradas del paraje gallego?» Me pregunto para mis adentros al mismo tiempo que remato ese café con leche que me iba a espabilar para afrontar las últimas horas de autopista.

Un descafeinado no, por favor

Después de seis horas de viaje y casi 600 kilómetros ya reflejados en el odómetro del Suzuki Swift Sport, llego a la tierriña con un consumo de 5,9 litros a los 100, que no está mal pero que no nos librará de acudir a la gasolinera debido a un tanque de modestas dimensiones -37 litros-. Pero quiero chicha, quiero rock and roll, quiero comprobar de una vez por todas si mi compañero de pruebas se mantiene fiel a ese emblemático y añorado concepto que se perdió en pro de vehículos sin alma y carentes de vitalidad.

Abandono la ciudad y acudo a uno de mis tramos de curvas favoritos, conformado por un batiburrillo de lo más interesante y que me permite poner a prueba al Swift Sport en diferentes circunstancias. Lo primero que noto una vez que me enfrasco en una conducción más deportiva es que las tres primeras marchas son cortas y me invitan a moverme en la zona baja del cuentavueltas.

Prueba Suzuki Swift Sport Hybrid5

El Swift Sport sale catapultado desde parado con garra y energía, garantizando un 0 a 100 en 9,1 segundos -un segundo más lento que el pre-restyling sin sistema mild-hybrid y 10 CV más- y una velocidad máxima de 210 km/h. Estiro las marchas en las primeras rectas y me topo con una zona alta del tacómetro fría, zona en la que no me puedo entretener como sí lo hacía a los mandos de la anterior entrega, con la que uno se tenía que pelear para exprimirle hasta el último ápice de deportividad. «Me ha malacostumbrado el atmosférico», pienso mientras sigo intentado resolver los entresijos de este nuevo Swift Sport.

Primera horquilla y siento como el nipón se mantiene inalterado en el sitio, solo un ligero balanceo de la carrocería hace entrever que requiere de un tarado de suspensión más duro para este tipo de menesteres. Sigo provocando al Swift Sport y me topo con un coche firme y seguro, que no teme a las curvas y que sus límites están altos. Su dirección es directa pero no muy comunicativa -mal endémico del coche moderno-, consiguiendo que el conjunto transmita más bien poco.

Prueba Suzuki Swift Sport Hybrid9

Pasan los kilómetros y decido dar un respiro al pequeño Swift, a sus frenos -los cuales tienen un tacto soberbio y suficiente fuerza para detener a los 1.020 kilos que declara sobre la báscula- y a su esquema mecánico. Aprovecho para contemplarlo e intentar obtener una idea clara y concisa de lo que me transmite. Es rápido, ágil y tiene su punto de diversión, rasgos que se complementan con un chasis de exquisita puesta a punto; pero reniega de la chispa que presentaban sus antepasados, la cual se pierde y se añora pese a estar ante un coche al que pocas pegas le puedo poner a excepción de un propulsor que, muy a mi pesar, debo decir que no casa ni con él ni con esta receta cocinada y preparada a la vieja usanza.

Y es que estamos ante un motor eficiente, vivo y con fuerza, capaz de ofrecer rápidas recuperaciones y un derroche de potencia contundente. Pero pierde en personalidad, carácter y esencia, rasgos que podrían permitirme catalogar al Suzuki Swift Sport de unicornio pese a seguir siendo un gran coche en un segmento que, por desgracia, se está extinguiendo.

Conclusión

El Suzuki Swift Sport Hybrid 2020 llega como una apuesta admirable, como un vehículo que, con poco más de 1.000 kilos de peso, quiere recuperar el legado de aquellos primeros GTI. Al mismo tiempo, la casa nipona ha aprovechado para introducir importantes innovaciones como el sistema mild-hybrid, sistema que ayuda a reducir emisiones y consumo además de aportar potencia en determinados momentos.

Sin embargo, la fórmula se queda a medio camino para mí, ofreciendo un comportamiento deportivo y unas prestaciones más que de sobra para casi cualquier mortal pero careciendo de ese espíritu y carácter de antaño al que tanto apego tengo debido a un ingrediente mal escogido bajo mi criterio. A esto también debemos sumarle un precio de 21.680 euros con descuento aplicado, cifra que se me antoja algo elevada pese a que es cierto que pocos rivales tiene el Swift Sport, siendo el Abarth 500 su contrincante más cercano.

Prueba Suzuki Swift Sport Hybrid7

No me malinterpretéis, el Suzuki Swift Sport es un vehículo enérgico y muy polivalente, pero que deja atrás sensaciones y emociones. Con esta premisa, nos topamos con un coche que puede encajar con alguien que, sin la necesidad de ser el más rápido y sin la necesidad de afrontar el desembolso que implica un hot hatchback de mayor talante, quiera diversión y un coche con cierto toque picante.

Vuelvo a evocar a Rubén Darío y a su Juventud, divino tesoro de la mano de su última estrofa, poema que espero que no le importe que tome prestado para mi alegato final sobre esta prueba. Y es que, tal y como dice Darío, la juventud es un tesoro divino, que se va para no volver y cuando intenta volver no lo hace con la misma esencia.

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…
¡Mas es mía el Alba de oro!

Deja un comentario

Parece que tienes habilitado AdBlock.

La web podría no funcionar bien
si no lo deshabilitas.