16 mayo 2017 Compactos, Pruebas

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Esta semana en la sección de pruebas de Highmotor tenemos con nosotros una propuesta original de un fabricante original.

Sí, hablamos de MINI, y de uno de sus modelos más especiales, el Clubman, en su versión Cooper, propulsada por un motor de gasolina de 136 CV.

Diseño exterior, original y con personalidad

El Clubman de segunda generación mantiene, en líneas generales, la personalidad y los rasgos característicos mostrados por la primera generación. El frontal del Clubman es típicamente MINI, con todos los elementos que conforman la “expresión” de cualquiera de los modelos de la firma británica.

El morro está formado por una parrilla de generoso tamaño, enmarcada mediante una moldura cromada y acompañada por una pequeña entrada de aire, alargada. Los faros principales, que en esta unidad disponen de tecnología LED, se colocan de nuevo en una parte más elevada del frontal, casi en los “hombros” de los pasos de rueda. Los pilotos antiniebla se colocan en los extremos, enfatizando así la sensación de anchura.

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El Clubman no puede esconder sus raíces MINI
El lateral del Clubman disfruta de las típicas líneas MINI, con un pilar A bastante vertical, formando un ángulo muy brusco tanto con las aletas como con el techo. Los retrovisores están anclados en la puerta y están decorados en una tonalidad negra brillante, igual que los pilares, que disfrutan así de una sensación de “techo flotante”.

Los pasos de rueda están rematados con molduras negras texturadas, que combinan a la perfección con las llantas multirradio de 17 pulgadas de nuestra unidad, rematadas en negro brillante. Llama la atención la “branquia” presente en la parte inferior de los pasos de rueda delanteros, que provoca una sensación de “músculo” muy atractiva.

La zaga es, posiblemente, la parte más controvertida y personal del conjunto, sobre todo en esta segunda generación tras haber perdido su esquema de puertas y apoyarse en un sistema normal con cuatro puertas de apertura convencional. En la parte trasera, no obstante, se mantiene el sistema de apertura partida, estilo furgoneta.

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Los pilotos abandonan la antigua ubicación en los extremos para pasar a situarse en las portezuelas, en posición horizontal en lugar de vertical. Seguimos contando con los dos limpiaparabrisas de pequeño tamaño y un sistema de apertura que, siendo original, no resulta especialmente práctico. Es un sistema muy asistido, sólo hay que apretar las manetas para que la portezuela se abra del todo.

En la parte inferior encontramos un paragolpes rematado de nuevo con un borde negro sin pintar, integrando la matrícula y unos pequeños grupos ópticos auxiliares para señalizar en caso de estar las puertas del maletero abiertas. No falta tampoco la típica salida de escape redonda con terminación cromada.

Diseño interior, muy MINI y sorprendentemente amplio

Sólo con observar la carrocería ya dan ganas de meterse dentro del MINI. Nada más abrir la puerta nos damos cuenta de que nos encontramos ante un habitáculo diseñado para casar perfectamente tanto con el diseño exterior del coche como con el planteamiento de cualquier modelo de la marca, manteniendo un toque muy original.

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La calidad de realización ha ganado muchos enteros
Si algo distingue a la última hornada de modelos MINI es el gran aumento de la calidad de construcción de su interior, que hasta el momento adolecían de una calidad percibida muy escasa para el precio de estos modelos. Esto ha cambiado de forma radical con la llegada de los últimos modelos de la marca, que, ahora sí, ofrecen una calidad de construcción a la altura de las exigencias.

El diseño es 100% MINI, con una gran esfera como eje central de todo el salpicadero. En estos nuevos MINI la instrumentación se ha desplazado a la parte posterior del volante, moviéndose además de forma solidaria con la columna de dirección, manteniendo de esta manera una correcta visibilidad sea cual sea la altura del volante.

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Los materiales utilizados para revestir el interior son en general muy agradables al tacto. La parte superior tanto de puertas como de salpicadero cuentan con plásticos acolchados, mientras que para las partes menos a la vista se recurren a plásticos duros que, en cualquier caso, están bien ajustados entre sí.

El interior de cualquier MINI destaca por la presencia de múltiples molduras decorativas, y el Clubman no es una excepción. Este hecho tiene un lado positivo ya que, por lo general, mejora enormemente el aspecto visual del habitáculo. Sin embargo, si estas molduras no están perfectamente ajustadas, serán una fuente incesante de ruidos y grillos.

En este caso, todas las molduras, tanto del salpicadero como del las puertas, están bien fijadas en su estructura. No faltan otra serie de “señas de identidad” de la marca, como botones con forma de interruptor basculante o los tiradores de las puertas redondos. Otra de las señas de identidad de los MINI modernos es la iluminación ambiental, cada vez más abundante. En el Clubman contamos hasta con molduras retroiluminadas, dando lugar a un ambiente visualmente muy atrayente.

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El espacio interior del Clubman es realmente sorprendente para tratarse de un MINI, ya que tenemos acceso a un habitáculo en el que cuatro adultos viajarán cómodamente tanto en la primera como en la segunda fila de asientos, gracias a unas generosas cotas tanto de altura para la cabeza como de espacio para las piernas.

El maletero del Clubman cubica 360 litros, de formas bastante regulares y aprovechables, contando además con huecos tanto en los laterales como en el interior de las dos portezuelas. El piso dispone también de un doble fondo ideal para guardar pequeño bultos que no queramos dejar a la vista.

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Dinámica de conducción, Go-Kart feeling

El MINI Clubman pide curvas. Es un hecho, no hay más que arrancar el motor y avanzar unos pocos metros para darse cuenta de que el espíritu de conducción de la marca se mantiene prácticamente intacto en esta variante tan original.

La segunda generación del Clubman de MINI se construye sobre la plataforma UKL2, la misma que utilizan modelos como el MINI Countryman, el BMW Serie 2 Active Tourer o el BMW X1. Esta plataforma es diferente a la UKL1 que utilizan los MINI hatckback de 3 y 5 puertas, así como el MINI Cabrio.

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Sin ser tan ágil como un MINI de 3 puertas, el Clubman ofrece un gran agrado de conducción
El chasis del Clubman mantiene las cualidades de cualquiera de los integrantes de la familia MINI, con una rigidez encomiable que se traslada a un esquema de suspensiones compuesto por un eje McPherson en la parte delantera y un sistema multibrazo independiente en el eje trasero.

Mecánicamente la actual generación de la familia MINI ha sido la encargada de acoger por primera vez en la historia del modelo un motor tricilíndrico. En esta ocasión, nuestra unidad disfruta de un motor 1.5 de tres cilindros con 136 CV, idéntico motor para todos los Cooper de gasolina sea cual sea el MINI que escojamos. Este mismo propulsor lo podemos encontrar también diferentes modelos de BMW, desde el Serie 1 hasta el i8.

Ofrece los mencionados 136 CV a 4.400 rpm, con un par máximo de 220 NM a 2.500 rpm, y está unido, en nuestro caso, a una transmisión manual de 6 velocidades. Acelera de 0 a 100 km/h en 9.1 segundos, alcanzando una velocidad punta de 205 km/h. Debido al aumento de peso, el Clubman pierde algo de comba respecto al MINI tradicional, pero en cualquier caso los registros que obtiene son más que suficientes para moverse con total agilidad.

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En marcha el MINI Clubman se siente realmente bien. Obviamente el aumento de la distancia entre ejes, que en este modelo es de 2.67 metros, junto con unas medidas más abultadas hacen que el Clubman tenga unas reacciones menos puntiagudas que las que podemos encontrar en un MINI de tres puertas, pero mantiene la agilidad innata que caracteriza a todos los modelos de la marca.

Destaca la presencia de un sistema de modos de conducción denominado MINI Driving Modes, que da acceso a tres diferentes facetas de regulación -Green, Mid y Sport- tanto de la asistencia de la dirección como del comportamiento del pedal del acelerador, y, en caso de equiparla, la suspensión adaptativa.

El pequeño motor emite un sonido agradable, sin transmitir apenas vibraciones al interior. La caja de cambios, que ofrece un tacto muy directo, cuenta además con un sistema de asistencia que, de forma automática, adapta las revoluciones del motor para que concuerden con la velocidad que introduzcamos, eliminando los tirones que suelen producir, sobre todo al reducir. Este sistema funciona bien siempre y cuando no hagamos la maniobra de forma muy rápida.

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El comportamiento dinámico del MINI Clubman casa a la perfección con su planteamiento, ya que si bien es capaz de ofrecernos una buena comodidad en viajes largos, es capaz de sacarnos una sonrisa cuando la carretera se retuerce, dejándonos jugar con la dirección y los pedales para trazar con absoluta precisión. Tan sólo le resta puntos una amortiguación excesivamente rígida en determinadas situaciones.

Los consumos del Clubman son, a nuestro juicio, bastante contenidos. Homologa 6.2 litros/100 km de consumo urbano, 4.4 litros/100 km en ciclo extra urbano y 5.1 litros/100 km en ciclo mixto que, si bien no son reales, nos permiten hacernos una idea de lo que es capaz este motor. En ciudad rondaremos los 7.5 litros, mientras que en carretera será difícil bajar de los 6 litros, dando como resultado un consumo medio que difícilmente sobrepasará los 7 litros a no ser que hagamos mucha ciudad.

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Gama y versiones, ¿cuánto cuesta la unidad que ves?

La gama MINI Clubman tiene un precio de partida de 24.500 euros, correspondientes a la versión One, con 102 CV. Las motorizaciones diésel parten de los 25.500 euros, precio del One D, con 116 CV. Si optamos por las variantes Cooper los precios arrancan en los 26.950 euros con motor de gasolina y en los 29.150 euros con motor diésel de 143 CV.

Las versiones más potentes son los Cooper S (30.650 euros en gasolina) y Cooper SD, con un precio de 32.700 euros. Si aún así queremos más, podemos optar por el Clubman John Cooper Works, que con 231 CV tiene un precio de partida de 38.000 euros, impuestos incluidos pero sin ningún tipo de descuento.

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Nuestra unidad parte de los 26.950 euros, pero cuenta con una generosa dosis de equipamiento extra, con elementos como la pintura Pepper White, la tapicería de cuero, la cámara trasera junto con el control de distancia de aparcamiento trasero, el Head-Up Display o el navegador GPS. El resultado es que, si somos mínimamente generosos con la lista de equipamiento, el precio de nuestro MINI subirá como la espuma, superando con facilidad los 36.000 euros.

Nota: Debido a un problema informático, la mayoría de las fotografías que ilustran la prueba pertenecen al PressClub de BMW, os pedimos disculpas por ello.


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