9 diciembre 2013 Coupés, Deportivos, Pruebas

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Continuamos con la prueba del Ford Mustang, este deportivo ‘muscle car’ americano de tracción trasera. En la primera parte de la prueba dimos todos los detalles de su motor, su respuesta dinámica y el consumo. En esta segunda parte vamos a analizar el diseño tanto de la carrocería como del habitáculo, además de la calidad de sus terminaciones y los materiales con los que está fabricado.

Diseño exterior

El Ford Mustang tiene un diseño en el que sobresale su alargado frontal, más grande que que su zaga, y destacan los grandes pasos de ruedas y su perfil bajo. Es un cupé deportivo ancho y que transmite imagen de potencia.

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Uno de sus rasgos más característicos es el conjunto de pilotos traseros, formados por tres grupos de leds que cumplen la función de alumbrado de posición, freno e indicador de dirección. Con baja iluminación, la zona posterior del Mustang es claramente reconocible y no pasa desapercibida. A mi juicio, además, es muy atractiva, especialmente cuando se conectan los intermitentes o las luces de emergencia ya que entonces se iluminan de forma progresiva los tres conjuntos de leds hasta llegar a los tres encendidos por completo.

El conjunto trasero se completa con con un portón del maletero que incluye un gran anagrama del ‘Pony’ que lleva distinguiendo al Mustang desde hace 50 años. Este emblema también esta presente en las llantas de aleación y la parrilla. A todo ello se une la doble salida de escape en los extremos del paragolpes.

Los faros delanteros también incluyen leds, en este caso para la iluminación diurna. Hay dos tiras junto a las ópticas principales, de xenón. Al ser un modelo destinado al mercado estadounidense y estar homologado para circular por sus carreteras, cuenta con dos juegos de catadióptricos, uno el junto a los pasos de rueda delanteros y otros en las aletas posteriores.

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El diseño general del Mustang puede gustar o no, dependiendo de cada uno, aunque nadie puede negar que es uno de esos modelos que llama la atención por allí por donde pasa. Quizá en Estados Unidos esto sea menos realidad porque la gente está más acostumbrada a verlo por la calle pero si duda en Europa, o para el visitante europeo en América, la figura del Mustang es ciertamente impactante.

Diseño interior, habitabilidad y acabados

La impresión general cuando uno se sube al puesto de conducción del Mustang es que se trata de un deportivo en el que hay otras cosas más importantes que el diseño o la ergonomía. Lo que prima son las sensaciones al volante y la capacidad del motor.

Aún así, el habitáculo del Mustang cumple de sobra con mucho más que los mínimos exigibles en cuanto a calidad de los materiales, acabados y ajustes. No hay recubrimientos lujosos pero sí de una calidad más que aceptable. Transmite algo menos de sensación de calidad que los últimos productos de Ford en Europa pero quizá pueda ser fruto de que es un modelo desarrollado hace ya algunos años y que, en general, el público americano no valora tanto la calidad percibida como el europeo —tradicionalmente, los modelos de marcas americanas fabricados en Estados Unidos que se vendían en Europa daban peor sensación de calidad que los productos japoneses o del viejo continente—.

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El Mustang está homologado para cuatro ocupantes, aunque dos adultos no se encontrarán muy cómodos en las plazas posteriores ya que el hueco para las piernas no es muy grande, con conductor y pasajero de talla normal, y hay poco espacio en altura. La anchura, como es lógico al tratarse únicamente de dos plazas, sí es suficiente.

A ello se une que el acceso a la parte posterior del habitáculo no es muy cómodo porque el tirador para abatir el respaldo de los asientos delanteros está poco accesible: queda detrás, no en el lado junto a la puerta. Además, las banquetas delanteras no se mueven automáticamente sino que hay que hacerlo manualmente mediante el tirador que regula su posición, ubicado en su parte delantera. Al menos, el hueco libre que dejan las puertas es grande gracias al generoso tamaño de éstas y a que se abren mucho. Esto, bien es verdad, puede ser un problema en aparcamientos estrechos en batería.

Como buen deportivo, el Mustang permite al conductor ir sentado bastante bajo, cerca del piso. Así, el asa para tirar de la puerta y cerrarla queda bien posicionada; sino, queda algo baja. El deportivo de la marca del óvalo tiene unos asientos cómodos que sujetan bien el cuerpo. Para facilitar la colocación del cinturón de seguridad, una pieza de plástico de forma alargada lo acerca hacia los asientos delanteros.

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La consola del Mustang está formada por numerosos botones, la mayoría pertenecientes al equipo de sonido. Éste tiene unas grafías quizá algo anticuadas; en las versiones más equipadas hay en su lugar una pantalla de ocho pulgadas que muestra las indicaciones y gráficos del navegador así como otras informaciones. La instrumentación es clara y completa. Entre los dos indicadores principales hay una pantalla LCD de 4,2 pulgadas que muestra datos del ordenador de viaje, el sistema de sonido y otros elementos del coche, además de permitir la consulta de datos como los tiempos de aceleración y frenada o la fuerza G. Es un dispositivo que Ford denomina ‘Track APPS’.

Todos los mandos del habitáculo del Mustang tienen buen tacto y son accesibles para el conductor. Es de agradecer que los elevalunas eléctricos sean de los de una única pulsación, tanto en el lado del conductor como en el del pasajero. Curiosamente, las dos luces de lectura que hay junto al retrovisor interior no se conectan pulsando sobre ellas o mediante un botón cercano sino a través de un mando situado junto a la ruleta que permite conectar o desconectar las luces exteriores.

Huecos y maletero

El Mustang tiene los espacios suficientes como para dejar todo aquello que se suele llevar encima, de un teléfono móvil a unas llaves pasando por una cartera o una funda de gafas. Los huecos que hay en las puertas y la guantera son más bien pequeños y estrechos, pero pueden llegar a cumplir bien su función con objetos pequeños. Entre los asientos delanteros hay dos portalatas y tras ellos hay un gran hueco, dentro del reposabrazos central, con toma USB y conexión 12V. Los pasajeros posteriores tienen a su disposición sendas bolsas en los respaldos delanteros.

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El maletero del Mustang, de 380 litros de capacidad, permite guardar varias maletas de tamaño medio, aunque su colocación se verá parcialmente condicionada por los generosos pasos de rueda, que lo estrechan en la zona más próxima a los respaldos de los asientos traseros. Para acceder al maletero hay que pulsar el botón del mando a distancia destinado a tal efecto o el que hay junto al cambio.

Un detalle poco cuidado es que la parte de la carrocería que queda entre los respaldos posteriores y la boca del maletero no tiene recubrimiento de material textil. Además, se echan de menos algunos huecos, tipo cajón o espacio con red, para poder dejar una dotación de herramientas o una linterna, por ejemplo. El único hueco que puede ser utilizado para ello es el que hay alrededor de la rueda de repuesto. Ésta es más pequeña que las otras cuatro. Junto a ella se ubican los triángulos de emergencia.

Es posible ampliar la capacidad de carga y transportar objetos largos abatiendo los respaldos de los asientos traseros, en proporción 50/50.

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Fotos | Jaime Arruz y Equipo de pruebas


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