5 noviembre 2015 Cabrios, Pruebas

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El verano ha terminado, pero somos muchos los que nos resistimos a aceptarlo. Un descapotable suele ser una buena baza, ¿verdad?

En nuestra sección de pruebas esta semana os traemos uno de los cabrios más atractivos y singulares del mercado actual, el VW Beetle Cabrio en su variante diésel 2.0 TDI de 110 CV.

Diseño exterior

El diseño de la actual generación del Beetle es uno de los más conseguidos del panorama actual. Con una fuerte tendencia retro, este Beetle tiene un carácter mucho mejor conseguido que el de su predecesor que, admitámoslo, no era el coche más agraciado. Demasiado redondo, demasiado “blandito”.

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En cambio, este actual Beetle muestra unas líneas más atractivas gracias a un rediseño que hace que ahora sí sea una réplica actual del primer Escarabajo, aquel Beetle de hace 60 años. El frontal guarda mucha personalidad gracias a unos faros redondos que, como es nuestro caso, ofrecen una firma lumínica muy marcada gracias a la iluminación mediante tecnología LED y xenón.

El paragolpes está mejor rematado gracias, integra las luces antiniebla y los intermitentes en su parte inferior, encajadas entre varias lamas cromadas que le dan, de nuevo, un toque retro. Esta unidad montaba unas llantas de aleación opcionales de 17″ “Type One Design” con terminación cromada que, sin duda, “le van al pelo”, así como un color marrón metalizado de lo más apropiado.

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Ya sea con la capota plegada como desplegada, el Beetle Cabrio es siempre reconocible como un Escarabajo, da igual el ángulo desde el que lo miremos. Elementos como los pilotos traseros enrasados o las cuatro aletas ensanchadas de gran tamaño ayudan también a reforzar la personalidad del gran Escarabajo.

Diseño interior

El diseño interior del Beetle en la actual generación ha roto completamente con la tendencia de la primera reedición del Beetle. Aquel salpicadero abombado, lleno de líneas redondeadas, ha dado paso a un tablero mucho más formal, realmente similar al del Beetle original.

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Los ojos se van directamente al salpicadero, con una moldura plástica pintada en el color de la carrocería. Esta tendencia se mantiene también en el volante, con los brazos pintados, así como en los paneles laterales de las puertas, también con la parte superior pintada. Los asientos son simples, no tienen formas abultadas y, si bien son cómodos, no recogen demasiado el cuerpo.

El tacto de los materiales utilizados para el interior desmerece con respecto al precio ya que, si bien los ajustes entre piezas están bien conseguidos, el habitáculo del Beetle está construido íntegramente con plásticos duros. Las únicas concesiones al “lujo” los encontramos en el volante, pomo de palanca de cambios y tirador del freno de mano, todos forrados de cuero.

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El aro del volante -achatado, como es costumbre en los últimos tiempos- tiene un buen tacto y no dificulta la visión del cuadro de instrumentos, formado por tres aros. Se echa en falta un indicador de la temperatura del refrigerante, dato que, no obstante, podemos consultar en la pantalla del ordenador de abordo.

La posición del módulo de climatización es algo baja, y en determinadas ocasiones toparemos con la palanca del cambio. A propósito de la climatización, pese a que el tacto de sus mandos no es del todo agradable, su funcionamiento es muy satisfactorio, adaptando automáticamente diferentes ajustes dependiendo de si circulamos con la capota puesta o no.

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Existen multitud de huecos portaobjetos, tanto en la consola central como en el salpicadero, con una práctica guantera suplementaria enfrente del copiloto. Los huecos de las puertas, por contra, no lo son como tal, ya que están delimitados por una especie de goma elástica que a veces no consigue fijar con la fuerza necesaria los objetos, sobre todo si son pequeños o estrechos.

El interior está homologado para acoger a cuatro ocupantes, donde los dos de la fila delantera no tendrán nunca ningún problema de espacio gracias a unas cotas generosas sea cual sea la medida. En la fila trasera los problemas de espacio son evidentes, sobre todo cuando hablamos del espacio para las piernas y de la anchura.

El maletero del Beetle Cabrio ve reducida su capacidad respecto a la versión cerrada, ofreciendo una capacidad de 225 litros, ampliables gracias a la posibilidad de plegar los dos respaldos de las plazas traseras mediante sendos tiradores situados en las paredes del maletero. Nuestra versión ofrecía un puñado de litros menos de capacidad debido a la presencia de un subwoofer firmado por Fender, que forma parte del equipo de sonido opcional que montaba nuestra unidad y que, por cierto, suena de maravilla. La boca de acceso es más incómoda debido a un tamaño sensiblemente menor.

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La capota del Beetle es de lona, blanda, de buena calidad. Su aislamiento es bueno en cualquier situación, es estanca y no existen ruidos aerodinámicos reseñables. No resta capacidad al maletero ya que cuando se recoge se limita a plegarse tras los asientos traseros. De accionamiento eléctrico, tarda unos 15 segundos en completar la operación, y se puede plegar y desplegar en marcha hasta 50 km/h.


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