Mazda RX-7: así ha sido la evolución de uno de los deportivos más icónicos

Mazda RX-7: así ha sido la evolución de uno de los deportivos más icónicos

Escrito por: Javier López   @jlopezbryan96    25 agosto 2018     4 minutos

El Mazda RX-7 se presenta como uno de los deportivos más emblemáticos de todos los tiempos, y hoy haremos un análisis de su paso por el mundo del motor.

A lo largo de la historia del motor nos hemos encontrado con numerosos vehículos que se han encargado de marcar un antes y un después, provocando que en la actualidad sean objetos de culto. No mentimos al declarar que el Mazda RX-7 recibe directamente esa categoría, puesto que ha sido uno de los deportivos japoneses más aclamados por los entusiastas del mundo del motor. Hoy, os acercamos más a la historia de este peculiar vehículo gracias a este vídeo, puesto que en él se hace un concienzudo repaso de todas y cada una de las generaciones del Mazda RX-7.

Japón siempre se ha caracterizado por ser uno de los países capaz de producir deportivos con una relación calidad-precio muy difícil de igualar. Durante los años 80 y 90, numerosas firmas comenzaron a lanzar una serie de deportivos con diferentes configuraciones pero con un objetivo común: divertir a su conductor y ofrecer una experiencia única.

Primera generación: el comienzo de una nueva era

Corría el año 1978 cuando Mazda decidió sacar a la venta un deportivo dispuesto a revolucionar el mercado. Este se encargó de sustituir al Savanna RX-3, del cual heredó la tradición de equipar un motor rotativo. Gracias a la posición de su propulsor detrás del eje delantero y a su bajo peso y dimensiones, el primer RX-7 contaba con un extraordinario balance.

El propulsor de 1.1 litros de cilindrada y dos rotores declaraba una potencia total de 105 CV de potencia y 145 Nm de par. Dichas cifras se trasmitían directamente al eje posterior y se encargaban de mover una masa de tan solo 1.065 kilogramos.

Su vida comercial se alargó hasta el año 1980, periodo más que suficiente para que la firma nipona enamorase a todos aquellos fanáticos de los deportivos. De esta forma, Mazda abrió uno de los ciclos de vida más importantes en toda la historia del motor.

Segunda generación: fiel a la esencia

Después de lanzar al mercado varias versiones de la primera generación, Mazda decidió dar el pistoletazo de salida a la segunda generación de su deportivo por excelencia. En esta, los ingenieros nipones aprovecharon para añadir importantes mejoras, como un coeficiente aerodinámico de 0.3, suspensión ajustable y una versión turbo para aquellos que buscaban una experiencia más deportiva.

En las entrañas de esta segunda generación del RX-7 se respetó el propulsor rotativo, el cual era capaz de desarrollar 150 CV y 182 Nm de par en la versión atmosférica. Dichas cifras se incrementaban hasta los 180 CV y 247 Nm de par gracias a la presencia de un turbocomprensor, pero los ingenieros de Mazda no se detuvieron en dicho punto.

Antes de poner fin a la producción de la segunda generación del deportivo japonés, Mazda decidió lanzar al mercado la variante GTUs. Esta se caracterizaba por contar con un menor peso al eliminar los elevalunas eléctricos, limpiaparabrisas trasero y aire acondicionado. Al mismo tiempo, contaba con frenos de cuatro pistones y con discos ventilados detrás, con el objetivo de detener los 160 CV de potencia que erogaba su propulsor rotativo.

Tercera generación: marcando historia con mucha clase

Mazda decidió dar vida a la generación más aclamada del RX-7 en el año 1993, convirtiéndose también en el último RX-7 producido por la firma nipona. Este mantenía intacta la esencia que se percibía en la primera generación pero la complementaba con importantes avances mecánicos. Al mismo tiempo, su estética también sufrió grandes modificaciones que lo convirtieron en la versión más deportiva y agresiva de todos los RX-7.

El motor rotativo siguió siendo el principal protagonista del deportivo de Mazda, pero en esta ocasión tan solo contaba con la presencia de la sobrealimentación para seguir aumentando las prestaciones, dejando a un lado las mecánicas atmosféricas. Este complejo motor estaba compuesto por dos turbos, los cuales entraban en acción por turnos. El primero comenzaba a soplar a partir de las 1.800 revoluciones, provocando una aceleración fuerte y rápida en la parte baja del tacómetro.

El segundo turbo entraba en acción en la parte alta del cuentavueltas, permitiendo así una aceleración muy lineal y progresiva. De esta forma, los 255 CV de potencia que generaba el RX-7 eran mucho más aprovechables, una cifra que aumentó progresivamente durante el paso de los años, hasta que finalmente la edición especial Spirit R se encargó de poner fin a la vida del Mazda RX-7.

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