Probamos el BMW 320i, una berlina muy lógica

Probamos el BMW 320i, una berlina muy lógica

Escrito por: Antonio Roncero   @roncero_antonio    29 diciembre 2021     10 minutos

La versión de acceso a la Serie 3 de BMW es el 320i, una berlina con un motor de gasolina de 184 CV con la que resulta muy agradable viajar, destacando por calidad, prestaciones, consumo y confort.

 

Conducir un coche como el BMW 320i rápidamente nos hace plantearnos una pregunta: habiendo berlinas como esta, ¿por qué tienen tanto éxito los SUV? Y es que, a menudo injustamente olvidadas por la irrupción de los SUV, las berlinas clásicas de tres volúmenes, como la Serie 3 de BMW, siguen siendo coches muy lógicos. De hecho, más incluso que un SUV para determinados usos. Por ejemplo, si lo que necesitas es un coche para realizar muchos kilómetros por carretera. O si buscas ese tacto al volante que sólo pueden ofrecer coches en los que no vas sentado tan alto como en un SUV.

En esta ocasión probamos el BMW 320i, la versión de acceso a la Serie 3 de BMW, disponible con el motor Turbo de 4 cilindros de gasolina con 184 CV y cambio automático de 8 velocidades desde 45.128 euros. Y te aseguro que no necesitas más… Si acaso, no pierdas de vista la carrocería familiar, el Serie 3 Touring, que por unos 2.000 euros más siempre aporta un plus de versatilidad a la hora de utilizar el maletero.

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Antes de seguir, conviene recordar que el Serie 3 no es la berlina más asequible de BMW. Por debajo tienes el Serie 2 Gran Coupé, disponible desde 31.200 euros en el caso de la versión 218i de 136 CV con cambio manual. El equivalente al 320i sería el 220i, que cuesta unos 6.000 euros menos que el Serie 3. Pero son coches completamente diferentes: el Serie 2 utiliza la plataforma del Serie 1, con tracción delantera, y es más pequeño y «menos coche» que el Serie 3.

El interior del BMW 320i: calidad ante todo

Cuando toca entrar o salir del BMW 320i es cuando te acordarás de los SUV, pues la facilidad de acceso de estos últimos, debido a su carrocería y su posición de conducción elevada, es innegable. Pero no es el Serie 3 un coche que plantee problemas en este sentido, comparado con los de su clase.

Después de tanto SUV, resulta reconfortante sentirte de nuevo a los mandos de un coche sentado muy bajo y con los pedales a lo lejos, respecto a la posición más “sentada” de un SUV. No es complicado encontrar la postura ideal, gracias a los reglajes del volante y del asiento. Y una vez acoplado, la sensación que transmite el 320i es de estar ante un coche de mucha calidad. No solo por la presencia y el tacto de los materiales, también al accionar cualquier mando, o por la manera en la que funcionan todos los sistemas, desde el climatizador hasta el equipo multimedia.

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En el caso de nuestra unidad de pruebas, el acabado bitono del salpicadero con la parte inferior a juego con la tapicería de cuero, así como la inserciones en madera y aluminio, aportan un plus de elegancia y refinamiento. Los asientos deportivos opcionales son muy cómodos, pero no los considero imprescindibles; los asientos de serie que ofrecer BMW siempre suelen ser muy buenos en este sentido.

Me gusta lo bien organizados que están todos controles, pero especialmente el mando central del sistema iDrive. Soy de los que prefieren manejar el sistema multimedia desde un mando así, en vez de recurrir a la pantalla táctil. Y la ruleta del iDrive funciona muy bien; no tardas en controlar todas las funciones desde aquí sin necesidad de apartar la vista de la carretera, algo a lo que sí obliga una pantalla táctil. Por cierto, esta última, que puede ser de 8,8 o de 10,25 pulgadas en función del equipamiento –en nuestra unidad de pruebas es la más grande–, se ve muy bien y la navegación por los menús es rápida e intuitiva.

La instrumentación digital, con una pantalla de 12,3 pulgadas, también es opcional en esta versión. Forma parte de distintos paquetes, siendo el más asequible si quieres contar con esta pantalla el pack connectivity, que cuesta 2.000 euros e incluye el cargador inalámbrico para el móvil, la pantalla multimeda grande, un disco duro para almacenamiento de música, alarma y punto wifi. Merece la pena más por la pantalla multimedia que por la instrumentación, que aporta un toque muy tecnológico, pero en ninguna de sus configuraciones ofrece la claridad de lectura de las magníficas instrumentaciones analógicas a las que nos tiene acostumbrados BMW.

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En lo referido al espacio interior, el BMW Serie 3 está en la media de las berlinas de su tamaño. Sus plazas traseras ofrecen espacio y confort de sobra para que dos adultos puedan afrontar viajes largos sin queja; un tercer ocupante tendrá que lidiar con el túnel central de la transmisión y con un respaldo diseñado más para alojar el gran reposabrazos abatible que para apoyar la espalda. A la hora de viajar con equipaje, los 480 litros de capacidad del maletero son más que suficientes, y en la línea de lo que ofrecen sus rivales más directos, como el Audi A4 o el Mercedes Clase C.

Equipamiento del BMW 320i: hay que pasar por caja

El equipamiento de este Serie 3 de acceso a la gama puede ser tan abundante como quieras… siempre que pases por caja. De serie tiene lo imprescindible y poco más; las llantas, por ejemplo, son de 16 pulgadas. Eso sí, hay disponibles un gran número de paquetes opcionales, que pueden salir más ventajosos que equipar las opciones por separado.

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A partir del acabado básico se puede elegir entre los acabados Sport (2.500 euros), Luxury (4.000 euros) y M Sport (5.000 euros), con elementos relacionados principalmente con el diseño exterior e interior: molduras, llantas, etc. También hay paquetes destinados a mejorar las cualidades dinámicas, o los relacionados con los sistemas de asistencia.

Por ejemplo, el paquete de asistentes a la conducción que incluye la advertencia de cambio de carril, la alerta de tráfico cruzado y el sistema de prevención de colisión trasera tiene un precio de 1.025 euros, cuando en un coche de este precio consideramos que debería ser de serie. Incluso le pediríamos más: que fuera también de serie la versión “pro” de este paquete, que cuesta 2.270 euros, y añade control de crucero activo y asistente de mantenimiento en el carril.

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Una opción de alta tecnología son los faros láser, aunque su precio sea casi prohibitivo: 2.280 euros como opción individual. Eso sí, funcionan de maravilla. También se pueden elegir como parte de un pack que cuesta 5.500 euros, y añade otros elementos como la instrumentación digital o en sistema de control gestual, que me parece totalmente prescindible. No faltan elementos como distintos sistemas de ayuda al aparcamiento o las cámaras de visión periférica, entre otros.

Como opciones individuales que pueden ser recomendables, además de los distintos tipos de llantas (con las de 16 pulgadas de serie el coche pierde un poco de presencia, se merece como mínimo las de 17 pulgadas), las levas en el volante cuestan 230 euros, mientras que la suspensión deportiva M supone un desembolso de 680 euros (obliga a montar también la dirección de desmultiplicación variable) y la suspensión adaptativa con control electrónico de la amortiguación cuesta 1.400 euros.

En marcha con el BMW 320i

Desde donde de verdad se disfruta el BMW 320i es al volante, y con kilómetros por delante, da igual el tipo de carretera. Estamos ante uno de esos coches con los que no da pereza ponerse a conducir, gracias a las sensaciones que transmite. Sobre todo, si has elegido bien el equipamiento, porque opciones como la dirección deportiva de desmultiplicación variable o la suspensión deportiva el cambian claramente el carácter, si bien el confort siempre está presente.

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No te preocupes, tal y como viene de serie el BMW 320i también es un coche plenamente satisfactorio. Pero mi recomendación es optar, al menos, por la suspensión deportiva, que no resulta incómoda salvo en situaciones muy puntuales (se notan más los reductores de velocidad, por ejemplo, al circula por ciudad; o algunas juntas de dilatación muy pronunciadas en autopista), y controla mejor el movimiento de la carrocería en carreteras más viradas. La dirección variable, que siempre va ligada a alguna de las opciones de suspensión deportiva, me parece prescindible, salvo que vayas a pasar más tiempo en carreteras estrechas y viradas que en autopista.

Incluso sin equipar el doble acristalamiento, la sensación de confort y de bajo ruido en el habitáculo es siempre la predominante. También la alta seguridad que transmite, ya sea circulando por vías rápidas, cuando toca emplearse con el volante o cuando hay que frenar. En muchas ocasiones, da la sensación incluso de conducir una berlina de un segmento superior.

La eterna duda: ¿gasolina o diésel?

Redondea el conjunto un motor fantástico, que siempre tiene un espejo donde mirarse: el 4 cilindros del BMW 320d con 190 CV, para mí, el mejor turbodiésel de su categoría sin discusión por finura, prestaciones, consumo… y tacto de gasolina. Tanto es así que la duda a la hora de elegir es razonable.

Porque si bien el BMW 320d parte desde un precio de 48.500 euros, lo que supone unos 3.400 euros más que el gasolina, hay dos diferencias importantes. La primera es que el diésel cuenta con hibridación ligera Mild Hybrid, lo que le permite disponer de las ventajas que otorga la etiqueta ECO de la DGT. La segunda, para quien lo valore, que de media te moverás con consumos en torno a 2-2,5 l/100 km menos, y consumiendo un combustible que, al menos todavía, es más barato.

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La otra opción si quieres un Serie 3 con el bajo consumo de los motores diésel de BMW es un 318d con 150 CV, que cuesta casi lo mismo que el 320i. Y hablamos de un coche que ya anda lo suficiente, pero no tiene el tacto ni las prestaciones del 320i, que llega a ser incluso deportivo cuando lo necesitas.

Porque el rendimiento del 4 cilindros de gasolina es muy bueno, y se lleva a las mil maravillas con la caja de cambios automática de 8 velocidades. Estamos ante un coche capaz de alcanzar los 240 km/h de punta y de parar el crono en la aceleración de 0 a 100 km/h con salida parada en 7,1 segundos, cifras muy respetables.

Un par máximo de 300 Nm desde apenas 1.350 rpm garantiza una capacidad de respuesta que hace que la conducción sea muy agradable, lo que permite “abusar” de las marchas largas y dejar trabajar al cambio en los modos Comfort o Eco Pro, buscando una conducción relajada y consumos en torno a 7,5 l/100 km. Y si decides recurrir al programa Sport (cada modo de conducción cuenta con su tecla específica junto a la palanca de cambios), el 4 cilindros te recordará que los motores turbo de gasolina de BMW funcionan igual de bien en la zona alta del cuentavueltas, y el consumo no se dispara tanto como en otros motores con menos cilindros y cilindrada.

Galería de imágenes BMW 320i

 

 


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