Los cubanos podrán comprar coches nuevos después de 55 años de prohibición

Los cubanos podrán comprar coches nuevos después de 55 años de prohibición

Escrito por: Fernando Alvarez    21 diciembre 2013     2 minutos

Desde 1958 Cuba ha sido un museo vivo del automóvil gracias a la prohibición de comprar vehículos posteriores a ese año, que imperaba en pleno auge del castrismo. Los vehículos en circulación en Cuba eran, en su inmensa mayoría, coches americanos de los años 50s o de fabricación rusa, de las épocas en que la Unión Soviética era el principal aliado del comunismo de Cuba.

Sin embargo, las leyes de apertura hacia el mundo exterior tenían que llegar en algún momento. El primer paso se daba hace un par de años, cuando se autorizaba a la compra de coches entre particulares, siempre bajo la supervisión del estado a quien se le debía pedir permiso. El paso final ha llegado por estos días, cuando el gobierno cubano ha dado la autorización para que cualquier ciudadano cubano pueda comprar un coche nuevo en un concesionario, a pesar de que las redes comercializadoras de coches y sus precios seguirán siendo controladas por el estado.

Aunque la gran mayoría de los cubanos todavía tendrá serias dificultades para comprar un coche nuevo, al menos el estado ha liberado al comprador de las trabas burocráticas necesarias para obtener los permisos de compra. De acuerdo al periódico oficial Granma, los permisos emitidos después de 2011 habían dado lugar a un mercado negro de ventas de permisos en Internet y de enriquecimiento por parte de ciertos personajes vinculados al gobierno, que los obtenían con mayor facilidad, para luego vender el coche mediante un simple trámite de cambio de propietario.

De esta manera, puede que en algunos años ya no veamos circular a los modelos clásicos que eran parte del paisaje de la isla caribeña y que fueron mantenidos durante muchos años en funcionamiento, gracias al ingenio de los mecánicos cubanos que han llegado a crear casi de la nada piezas y refacciones cuando no era posible encontrarlas en el mercado y mucho menos importarlas.

Vía | El economista

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