Prueba: Mercedes-Benz GLB 200 d, un SUV familiar de largo recorrido

Prueba: Mercedes-Benz GLB 200 d, un SUV familiar de largo recorrido

Escrito por: Antonio Roncero   @roncero_antonio    31 marzo 2022     10 minutos

La versión de acceso a la gama Mercedes GLB con motor diésel es un coche muy recomendable para quien busque un SUV premium amplio y cómodo para recorrer muchos kilómetros.

Acceder a un Mercedes-Benz GLB supone un desembolso mínimo de unos 41.100 euros, que es lo que cuesta actualmente la versión de acceso a la gama, el 180 de gasolina con 136 CV. Y la inexplicable diferencia con el GLB 200 d, que se va a 44.500 euros, es como para pensárselo mucho. Porque 3.400 euros –hace apenas unos meses esta diferencia no llevaba a 2.000 euros– dan para muchos kilómetros en combustible.

Sin embargo, creo que en un SUV de este tipo la mejor opción sigue siendo el turbodiésel. No es que el 180 de gasolina no sea un mínimo muy razonable, que lo es. Pero el 200d resulta más adecuado para un coche cuyo comprador normalmente tendrá en mente aprovechar sus cualidades como coche para viajes de largo recorrido.

Equipamiento y precio del Mercedes GLB 200 d

Por recapitular y ponernos en situación: el precio del Mercedes-Benz GLB 200 d es de 44.528 euros, según el configurador de la marca. Pero ya sabes: te recomiendo pasar por el concesionario, porque aunque oficialmente no haya ofertas, se pueden conseguir interesantes descuentos. Sobre todo ligados a la financiación.

Aprovecho ya para anticiparte, por si acaso, que los 150 CV del 200d en absoluto se quedan cortos, y no es necesario dirigir las miradas al 220d de 190 CV. Este último se asocia a la tracción 4MATIC, lo que lleva el precio hasta los 49.000 euros. Si lo comparamos con el 200 d 4MATIC, que cuesta 2.500 euros más que el 200d con tracción delantera, la diferencia exclusivamente por motor es de 2.000 euros. En mi opinión, salvo para un tipo de uso muy específico, no necesitas la tracción 4MATIC (invierte en unos buenos neumáticos All Season), y tampoco los 40 CV adicionales del 220d.

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Aunque el equipamiento de serie es bastante completo, puestos a invertir algo más lo haría en el recomendable paquete premium. El listado de equipamiento de cualquier Mercedes-Benz da como para tirarse días haciendo combinaciones y números, pero por 2.600 euros este paquete agrupa elementos con un precio muy ventajoso respecto a equiparlos por separado. Te llevas los sensores de parking, el asistente activo de aparcamiento, retrovisores antideslumbramiento, asientos calefactados, llave inteligente, iluminación interior ambiental (hasta 64 colores), equipo de sonido Advanced, instrumentación digital de 10,25 pulgadas y pantalla multimedia con navegador también de 10,25 pulgadas.

En cuanto al estilo de la carrocería y del interior, se puede elegir sin sobreprecio entre el acabado AMG Line, de enfoque más deportivo, o al línea Progressive con un toque más elegante.

Si no necesitas las siete plazas, y tampoco te preocupa perder espacio en las plazas traseras o en capacidad de maletero, seguro que al considerar un GLB en algún momento se te habrán ido los ojos al GLC. Y no te voy a negar que a mi también me parece más bonito. Pero el GLC 200 d solo se ofrece con tracción 4MATIC y tiene un precio de partida desde 56.000 euros. No son totalmente comparables, porque hay diferencias en el equipamiento y también en el motor, ligeramente más potente en el GLC, con 163 CV. Pero, en cualquier caso, la diferencia es de 9.000 euros. Hay que tenerlo muy claro.

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Entre sus posibles alternativas, buscando SUV premium de planteamiento similar y con motor turbodiésel, uno de sus rivales más directos es el Audi Q5 35 TDI S tronic, que parte desde unos 49.000 euros. Otro SUV que me gusta mucho como coche familiar para pasar muchos kilómetros al volante, por calidad, confort y comportamiento dinámico, es el Volvo XC60. La versión B4, con motor de 197 CV, parte desde 53.100 euros.

El Mercedes GLB por dentro: un SUV con cualidades de monovolumen

Una de las virtudes del Mercedes GLB, que dicho sea de paso comparte plataforma con los Clase A y Clase B, es que ofrece una polivalencia de uso propia de un monovolumen. Es un coche amplio en términos generales, y muy amplio en relación a su tamaño exterior.

La segunda fila de asientos cuenta con unos 15 cm de regulación longitudinal, lo que permite configurar el habitáculo con una gran distancia para las piernas de los pasajeros, o con mucho espacio para el maletero. Lástima que no ofrezca algún centímetro más de anchura, lo que convertiría al GLB en uno de los pocos coches de su segmento ideal para los que necesitan viajar ocupando las tres plazas traseras.

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El volumen para el equipaje es de 570 litros en las versiones de 5 plazas con la segunda fila en la posición más favorable para los pasajeros, y de 500 litros cuando se equipa la tercera fila de asientos opcional, una cifra muy buena. Adelantando la segunda fila de asientos se ganan casi 200 litros. En cuanto a la tercera fila de asientos (opcional, por unos 1.100 euros), como suele ser habitual en estos casos tampoco se puede esperar mucho. Se puede usar para sillas infantiles utilizando los anclajes Isofix, o para acomodar niños. Los adultos tendrán dos problemas: poca altura al techo y una posición muy forzada al llevar las rodillas muy altas, pues la banqueta está muy baja respecto al suelo.

Instrumentación y sistema multimedia MBUX

Estrenado en el Clase A, el sistema multimeda MBUX del GLB, así como la instrumentación digital, ya es conocido por su utilización en muchos otros modelos de la marca. En el caso de nuestra unidad de pruebas las dos pantallas son las más grandes, de 10,25 pulgadas, aunque existen versiones con las pantallas de 7 pulgadas.

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Se sitúan una a continuación de otra, compartiendo carcarsa, como si se tratase de una única unidad. El aspecto del conjunto puede resultar demasiado sencillo cuando el sistema está apagado, contrastando con el resto del salpicadero, de diseño moderno y muy limpio. Algo así como si la instrumentación y la pantalla fueran “poca cosa”… y entonces también te fijas más en que hay algunos materiales, por ejemplo en la zona inferior del salpicadero o en los paneles de las puertas, que no transmiten la misma sensación de “calidad Mercedes” que el resto.

Pero cuando pulsas el botón de arranque y las pantallas cobran vida, la cosa cambia; sobre todo si el coche cuenta con el sistema de iluminación ambiental interior, que añade un toque muy sofisticado. Es cierto que el sistema multimedia requiere adaptación, porque la abundante información y la gran cantidad de gráficos, así como las posibilidades de personalización, llegan a abrumar. Pero una vez te familiarizas con el sistema, hay que reconocer que es de los mejores, tanto por rapidez como por calidad de las imágenes.

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No terminan de gustarme los mandos del volante, que combinan pulsadores convencionales con pequeñas superficies táctiles en sobre las que hay que deslizar el dedo para moverse entre los menús; hay que afinar para no saltarte dos o tres pasos, algo que no sucede con las clásicas ruedecitas o botones. A cambio, entre los asientos contamos con una superficie táctil que tiene algunos botones a los lados, y que se maneja cómodamente al contar con un elemento que puede parecer el joystick de la palanca de cambios, pero que es simplemente para reposar la muñeca.

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Por si fuera poco, el sistema de control por voz de Mercedes-Benz es de los mejores, y si te acostumbras a utilizarlo podrás accionar muchas funciones sin necesidad de retirar las manos del volante. Opcionalmente incluso se puede equipar un sistema de control mediante gestos, pero no lo veo práctico ni necesario.

La gran superficie acristalada y lo poco que ocupa la instrumentación permiten que la visibilidad sea extraordinaria. Y para facilitar las cosas, por ejemplo a la hora de aparcar, las imágenes de la cámara de vídeo son impecables.

Un motor diésel muy solvente

Para ser el diésel menos potente de la gama, los 150 CV del 200 d mueven al GLB con una soltura que sorprende. Anuncia una punta de 204 km/h y una aceleración de 0 a 100 km/h en 9 segundos, y para una utilización normal, incluso aunque viajes cargado, difícilmente encontrarás situaciones en las que puedas echar en falta más capacidad de empuje o una respuesta al acelerador más contundente.

Quizás no es tan refinado como el 4 cilindros de 2 litros de BMW, que me parece el motor referencia en este sentido. Pero en ningún caso podemos hablar de un motor áspero o ruidoso; además, el GLB destaca por una buena insonorización general, tanto del motor como del viento y de los baches.

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Lo mejor, por encima incluso del nivel de prestaciones y el agrado de conducción que permite el motor, es su consumo. Utilizando el modo de conducción ECO, en el que se nota claramente que se limita la respuesta al acelerador, es tan fácil conseguir medias de 6 l/100 km como difícil pasar de 8 l/100 km aunque selecciones el programa Sport. De este modo, superar los 800 km de autonomía con los 52 litros de capacidad del depósito es pan comido; por cierto, el depósito de Adblue cuenta con 24 litros de capacidad, lo que también permite olvidarnos del dichoso aditivo durante un buen número de kilómetros.

Al notable agrado de conducción y a los sobresalientes consumos contribuye en gran medida el magnífico cambio de doble embrague de 8 velocidades. Es rápido cuando lo usas en modo manual mediante las levas en el volante, se anticipa bien eligiendo la marcha adecuada si eliges el modo automático y no exige tener un tacto especialmente cuidadoso con el acelerador en las maniobras de aparcamiento.

En marcha con el Merceds GLB 200 d: un gran rodador

Aunque en Mercedes han orientado el GLB claramente hacia el confort de marcha, la realidad es que al conducirlo sorprende porque, para su tamaño -especialmente la altura- y lo cómodo que resulta, también se siente ágil. Claro que no es un Clase A, pero las suspensiones trabajan realmente bien cuando tienen que contener los movimientos de la carrocería. La estabilidad es muy buena, lo que nos hace incluso descartar de salida la opción de la amortiguación adaptativa.

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Con esto quiero decir que el GLB no le pone mala cara a ningún tipo de carretera, si bien donde mejor se aprecian sus cualidades es al viajar por autopista, donde sale a relucir el agrado de uso que proporciona el motor y el cambio, el buen aislamiento y el confort que proporcionan las suspensiones. Tanto la dirección como los frenos cumplen con buena nota.

Los sistemas de asistencia a la conducción también funcionan muy bien, con mención especial para el control de velocidad inteligente, que tiene en cuenta los datos del navegador para reconocer rotondas, curvas o entradas a poblaciones. Algunos pueden llegar a ser un poco intrusivos, por ejemplo el modo en el que te avisa el asistente de mantenimiento en el carril; pero su intensidad se puede configurar.

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El Mercedes GLB también permite una utilización ocasional por pistas o caminos sin necesidad de contar con la tracción total 4MATIC, siempre que no estén muy deteriorados. Incluso aquí la suspensiones mantienen un alto nivel de confort, y no se sienten ruidos ni crujidos. Solo si tienes claro que vas a abandonar el asfalto con frecuencia debes considerar la posibilidad de la tracción total, que cuenta con un modo de conducción off-road que reparte el par al 50% entre los dos ejes, así como el sistema de control de descenso de pendientes.

Galería de imágenes Mercedes-Benz GLB 200 d


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