Prueba Mitsubishi Outlander PHEV 2016, el enchufado de clase

Prueba Mitsubishi Outlander PHEV 2016, el enchufado de clase

Escrito por: Daniel Valdivielso   @valdi92    30 julio 2016     9 minutos

Mitsubishi ha sabido entender muy bien la tendencia de la hibridación en el mercado actual. Por eso, hace tres años presentaba el Outlander PHEV, su primera propuesta híbrida enchufable.

Tras un ligero restyling el año pasado, esta semana nos acompaña la versión más moderna de este SUV, que está cosechando un éxito irrebatible en buena parte de Europa.

El Outlander es la apuesta de Mitsubishi para el mercado de los SUV compactos, uno de los más fuertes en toda Europa. Actualmente ya avanzamos por la tercera generación, lanzada en el año 2012, tras dos variantes anteriores con una popularidad mejorable, pese a contar con buenas cualidades.

La actual generación es, de nuevo, de origen 100% japonés, tras una segunda generación construida y desarrollada en colaboración con el consorcio francés PSA, que contó también con sus propias versiones, conocidas como Citroën C-Crosser y Peugeot 4007.

Diseño exterior

El diseño externo del Outlander de tercera generación ha sufrido una actualización en el año 2015, tras tres años de su presentación. Ahora es más atractivo, ofreciendo una imagen más deportiva y agresiva. El frontal destaca por la inclusión de nuevas molduras tanto cromadas como en color negro brillante, mejorando su aspecto.

Los grupos ópticos son también diferentes, más alargados, y han mejorado su carga tecnológica. Ahora, la iluminación diurna está incorporada en el interior del propio faro, contando con tecnología LED, al igual que para la iluminación de posición y de cruce. La iluminación de carretera sigue siendo halógena.

El paragolpes en general es algo más abultado, lo que hace que, en combinación con el paragolpes posterior, la longitud total del vehículo aumente 3 cm para alcanzar los 4.69 metros. El resto de medidas se mantienen inalteradas, con una anchura de 1.81 metros y una altura de 1.68 metros.

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El Outlander PHEV 2016 mide 4.69 metros de largo, 1.81 metros de ancho y 1.68 metros de alto

La vista lateral no se ha modificado a excepción de unas llantas de aleación de nuevo diseño y terminación bitono, que mantienen su medida de 255/55 R18 98H. Se han añadido unas tiras cromadas en la parte inferior del paragolpes que realzan el aspecto del conjunto. Como elemento diferenciador respecto a las variantes que no son híbridas, Mitsubishi ha colocado en ambos lados unos logotipos a la altura de la aleta delantera, donde podemos leer la inscripción «Plug-in Hybrid».

En la parte trasera, Los cambios más llamativos hacen referencia a los pilotos, que han visto su forma modificada, pasando a ocupar más superficie. Antes, en la versión pre-restyling, los pilotos, de fondo «transparente», se ubicaban en la aleta, mientras que ahora pasan a ocupar, en posición horizontal, tanto la aleta como parte del portón del maletero. Además, su fondo es ahora rojo, ofreciendo tecnología LED para la iluminación de cruce y la luz de freno.

Las luces de marcha atrás y antiniebla se sitúan en el paragolpes, que ha modificado su forma, incorporando una especie de moldura en color gris que simula una protección para las excursiones más aventureras. En realidad su función es meramente estética, ya que no ofrece ningún refuerzo adicional.

Diseño interior

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Si pasamos al interior, la sensación es similar a la de la carrocería, «lo mismo pero diferente». El diseño básico del salpicadero sigue siendo el mismo que en la versión pre-restyling, aunque las modificaciones implementadas han ayudado a mejorar la sensación de calidad y calidez del habitáculo.

Los materiales utilizados para la construcción del interior son, en general, buenos, con plásticos acolchados en la parte superior de puertas y salpicadero, mientras que los plásticos duros, pese a ser abundantes, están bien ajustados. En la parte central del salpicadero seguimos encontrando una consola con el sistema multimedia y los mandos del climatizador bizona.

El volante ha visto modificada su forma, ahora es más acolchado y además cuenta con calefacción eléctrica, al igual que los asientos. Asientos que, por cierto, pierden la tapicería de cuero integral para ofrecer una tapicería mixta de cuero y alcántara. Además, sus formas son más deportivas, sujetando mejor el cuerpo. El asiento del conductor ha perdido la regulación eléctrica.

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Los asientos son más envolventes, y su tapicería es ahora mixta de cuero y alcántara

Se mantienen el pomo de la palanca de cambios estilo joystick, con una posición de reposo fija, el botón de accionamiento de la tracción total y el freno de mano manual, al estilo tradicional. El reposabrazos es cómodo y ofrece además un buen hueco para almacenar todo tipo de objetos en su interior.

El espacio a bordo es una de las mejores cualidades del Outlander. Al espacio para las piernas, más que suficiente para tres ocupantes gracias a un suelo prácticamente plano, se suma una destacable altura al techo. Otras atenciones para los pasajeros son, por ejemplo, un apoyabrazos central con portabebidas incluido, cristales oscurecidos o la posibilidad de regulación de la inclinación de los respaldos.

El maletero pierde algo de capacidad respecto a un Outlander tradicional, con 498 litros de cubicaje frente a los 550 litros de las versiones con motor térmico. El cable utilizado para recargar las baterías del vehículo se guarda en un compartimento bajo el piso del maletero.

Técnica y dinámica de conducción

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Hora de arrancar. En este caso, el arranque se efectúa como en cualquier vehículo dotado de sistema de arranque sin llave. No hay más que portar la llave electrónica encima y, mientras apretamos el pedal del freno, pulsar el botón de arranque situado a la derecha de la instrumentación.

El Outlander PHEV monta un sistema híbrido compuesto por un motor térmico tetracilíndrico, de gasolina, con 2 litros de cilindrada y aspiración atmosférica que ofrece 121 CV. A él se le suman dos motores de gasolina, uno por eje, con 41 CV cada uno, es decir, 82 CV de fuerza eléctrica.

El Outlander PHEV no tiene caja de cambios, sino que se sirve de un engranaje que ofrece una relación fija. De esta manera, se elimina cualquier tipo de tirón. En Mitsubishi han creado un híbrido que, de forma muy inteligente, es capaz de funcionar tanto como vehículo 100% eléctrico como híbrido en serie o en paralelo, dependiendo de las circunstancias.

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El Outlander PHEV es capaz de funcionar como eléctrico, como híbrido en serie y como híbrido en paralelo

Si funciona como híbrido en paralelo, el Outlander ofrece una potencia máxima de 203 CV, mientras que si funciona como híbrido en serie, la potencia está limitada a 162 CV. Todos los modos se gestionan de forma completamente automática e inteligente, sin que el conductor tenga que intervenir.

En la vida real, estamos ante, posiblemente, uno de los vehículos más silenciosos de su segmento, gracias, además, a la mayor cantidad de material insonorizante y al mayor grosor de los cristales y gomas aislantes, novedades del Outlander 2016.

Las prestaciones no son brillantes, pero sí suficientes para una utilización diaria. La aceleración de 0 a 100 km/h está cifrada en unos tranquilos 11 segundos, con una velocidad máxima de 170 km/h. Sin embargo, desde Mitsubishi comunican que la aceleración de 0 a 50 km/h ha mejorado con el restyling, pasando de 6 a 4 segundos.

En términos de eficiencia, el Outlander PHEV homologa un consumo medio de 1.8 litros/100 km. Mitsubishi también comunica un consumo en modo de funcionamiento híbrido, en cuyo caso asciende hasta 5.5 litros/100 km. Es en ciudad donde el Outlander, con su batería de 12 kWh -aunque en la práctica sólo se utilizan 8 kWh- brilla con fuerza, gracias a una autonomía teórica de 52 km, que en la vida real rondan los 40 km.

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En terreno urbano el suave funcionamiento del conjunto es tremendamente satisfactorio, mientras que en carretera abierta se percibe el excelente trabajo en la insonorización, siempre que mantengamos cruceros estabilizados. En estas circunstancias, los consumos rondan los 7 litros cada 100 km.

Dinámicamente el Outlander está bien resuelto, con un buen tarado en la suspensión, minimizando los movimientos de la carrocería. El tacto del freno, correcto, ofrece una buena capacidad de deceleración en los primeros milímetros de recorrido del pedal. Pese a su carrocería, el Outlander no es, para nada, un todoterreno. La tracción integral no es muy efectiva en pendientes, aunque sí aporta un plus de seguridad en terrenos resbaladizos.

El Outlander tiene tres varios modos de funcionamiento, con un ECO que modifica la respuesta del acelerador, limita la potencia y la eficacia de elementos como el aire acondicionado. Además, el modo SAVE permite mantener el nivel de carga de la batería, mientras que con el modo CHARGE utilizamos el motor de gasolina para recargar las baterías.

Mediante unas levas situadas en la columna de dirección, es posible seleccionar hasta seis modos de retención de los motores eléctricos, desde B0, sin ninguna retención, hasta B5. Es un sistema bastante intuitivo, que se agradece a la hora de arañar algún km de autonomía extra sin necesidad de forzar la actuación de los frenos.

Por supuesto, el Outlander PHEV se recarga también con una toma de enchufe tradicional de 230V, con un tiempo de carga total aproximado de 5 horas. Existe también la posibilidad de recargarlo con un enchufe CHAdeMO, que permite alcanzar un nivel de carga del 80% en sólo media hora.

Gama y versiones

En el caso del Outlander PHEV, la gama se ha simplificado respecto al Outlander de 2013, dejando disponible sólo un acabado, el Kaiteki, que además disminuye su precio hasta unos sorprendentes 35.020€, siendo más económico incluso que un Outlander Diésel equivalente.

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Por ese precio tenemos una gran lista de equipamiento, con, entre otros, faros LED, sensores de luz y lluvia, sistema de entrada y arranque sin llave, tapicería mixta de cuero y alcántara, asientos delanteros y volante calefactables, portón de maletero eléctrico, llantas de 18 pulgadas, equipo multimedia con navegador integrado, volante multifunción, control de crucero activo o un sistema de cámaras 360 grados.

Fotografía | Daniel Valdivielso

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