Prueba Renault Twingo 0.9 TCe, movilidad estilosa

Prueba Renault Twingo 0.9 TCe, movilidad estilosa

Escrito por: Daniel Valdivielso   @valdi92    1 febrero 2016     Sin comentarios     11 minutos

Inauguramos la sección de pruebas de febrero con un pequeño urbanita que cuenta con una legión de adeptos en el mercado europeo.

Hablamos del Renault Twingo, que en esta nueva generación se ha renovado completamente, desarrollándose en colaboración con Mercedes-Benz.

El Renault Twingo es un vehículo urbano encuadrado dentro del segmento A. Inició su andadura en el año 1992, convirtiéndose en un éxito inmediato. De hecho, el Twingo de primera generación ha sido uno de los vehículos más veteranos del mercado, ya que se vendió hasta el año 2007. Contaba con una imagen redondeada de tres puertas muy simpática, que dotaba al Twingo de una modularidad y practicidad interior propios de segmentos superiores.

La segunda generación del Twingo modernizó su diseño manteniendo la practicidad, pero su atractivo se diluyó con unos trazos anodinos. Ahora, con la llegada de la tercera generación, los franceses se han aliado con Mercedes-Benz para el desarrollo del pequeño urbanita. Y es que el nuevo Twingo es, bajo la carrocería, un Smart Forfour.

Diseño exterior

El exterior del nuevo Twingo es completamente diferente al de los Twingo anteriores. Se trata de una generación completamente nueva, que nada tiene que ver con sus predecesores. Tan sólo algún detalle remoto, como las luces diurnas LED circulares pueden recordarnos vagamente al anterior Twingo.

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Para empezar, este es el primer Twingo de la historia con 5 puertas, sin posibilidad (al menos de momento) de contar con opción de 3 puertas, lo que supone exactamente la tendencia contraria que hasta ahora. Como ya hemos contado antes, el Twingo se ha desarrollado y se construye conjuntamente con Daimler y su Smart, por lo que son dos productos muy parecidos.

Lo primero que llama la atención es la total ausencia de voladizos, tanto delanteros como traseros. Esta característica le da al coche una imagen muy compacta. El frontal destaca por el generoso tamaño del logo de la marca francesa. Además, no faltan las formas redondeadas, tanto en los faros como en los proyectores antiniebla.

En el frontal no encontramos un capó al uso, sólo un pequeño compartimento con los líquidos y la batería

El frontal parece que dibuja algo así como una «cara sonriente», enfatizando el carácter divertido y juguetón de este modelo. El capó es muy pequeño, y no se abre, ya que el propulsor está en la parte trasera. Sólo se desliza sobre unas guías, sujeto por dos tiras textiles, dando acceso a un pequeño compartimento donde podremos revisar los niveles del líquido de frenos, refrigerante o líquido lavaparabrisas.

La vista lateral tiene un aspecto medio «ahuevado», gracias a una altura considerable que posteriormente se precipita de golpe sobre el portón trasero. La superficie acristalada es generosa, aunque las ventanillas de atrás no se bajan, sino que oscilan debido a su sistema de apertura tipo compás. Esta unidad además está pintada en color Rojo Deseo, que junto con los vinilos -opcionales- y las llantas pintadas de 16″, componen un conjunto muy atractivo a la vista.

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En la parte trasera encontramos una de las vistas más divertidas y atrevidas del conjunto, con una imagen que inmediatamente nos recuerda a la del extinto R5 Turbo. El portón del maletero es de una sola pieza, de cristal, terminado en color negro. Además, los grupos ópticos dan forma a unos «hombros» que realzan la anchura del conjunto. Muy buena nota en este apartado para el Twingo.

Diseño interior

En el interior, la originalidad vuelve a ser la nota dominante. El salto adelante respecto a sus antecesores es más que notable, y es que el diseño se convierte en esta nueva generación en uno de los puntos clave, gracias a unas líneas mucho más divertidas y atractivas para el gran público.

El salpicadero está bien estructurado, con un sistema multimedia a buena altura, y unos mandos de climatización que quedan a mano, sin que moleste la palanca de cambio. El volante sigue las tendencias de los últimos años, y cuenta, además de con molduras en color para los brazos, con un aro achatado de buen grosor y tacto. Tras la palanca de cambios encontramos los interruptores del modo ECO y el control de crucero, que como viene siendo habitual en Renault, está muy mal situado. La instrumentación es muy escasa, y se compone de tan sólo un velocímetro de aguja y una pantalla digital monocroma central, donde se visualizan los datos del ordenador de abordo y la cantidad de combustible que nos queda. Por lo tanto, no disponemos ni de cuentarrevoluciones ni de indicador de la temperatura del refrigerante.

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Como buen vehículo de corte urbanita, no faltan los huecos portaobjetos tanto en las puertas como en la consola central, donde encontramos un práctico recipiente con tapa que, además, se puede desencajar de su sitio para llevárnoslo con nosotros en caso de necesidad. Además, la guantera con tapa aporta un toque extra de seguridad y privacidad del que no todos sus rivales disponen. También destacan positivamente los asientos, con el respaldo de una sola pieza en las plazas delanteras. En este acabado ZEN cuentan con una tapicería mixta de cuero y tela muy agradable tanto a la vista como al tacto, ofreciendo una buena sensación de calidad.

El color es la nota dominante en un habitáculo apto para cuatro personas

Los materiales, pese a estar bien diseñados y contar con muchos toques de color que alegran la vista en el habitáculo, son los propios de un segmento A, es decir, plásticos duros en todas partes, sin excepción, incluidos lugares como los apoyabrazos de las puertas. Pese a que los ajustes son buenos, fallan algunos detalles, como la no existencia de agarraderos en el techo, la imposibilidad de cerrar la salida de aire central. Se echa de menos, por ejemplo, un pequeño apoyabrazos central, aunque es cierto que prácticamente ningún vehículo del segmento lo monta, así como una localización más lógica para el puerto USB del sistema de sonido, situado tras el tirador del freno de mano.

El habitáculo está homologado para cuatro personas, algo lógico teniendo en cuenta que su espacio interior no es el de un monovolumen. Sin embargo, el espacio está bien aprovechado, y cuatro personas se pueden acomodar sin muchas apreturas. Es mejor, en apreciación subjetiva, el espacio a lo alto que a lo ancho, pero en cualquier caso, el habitáculo puntúa de forma notable en este aspecto.

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El maletero es algo menos capaz de lo habitual, debido al motor trasero. La capacidad mínima son 174 litros, ampliables a 219 litros sin necesidad de abatir los respaldos, ya que el Twingo incorpora una especie de «gancho» con dos posiciones, que permite encajar los asientos traseros con el respaldo más o menos abatido según la que elijamos, lo que amplía ligeramente su capacidad. Si optamos por plegar los dos asientos, la capacidad aumenta hasta los 980 litros como máximo. La boca de carga es amplia, y el piso no tiene desnivel, lo que hace que la carga sea fácil. Se incluye una «manta térmica» que aísla bastante del ruido y del calor del motor, aunque es cierto que al cabo de un rato, se aprecia una cierta «tibieza» de los objetos situados en el maletero.

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