A prueba Peugeot Rifter Long 1.5 BlueHDI By Tinkervan: la furgoneta que quería ser un monovolumen y lo consiguió

A prueba Peugeot Rifter Long 1.5 BlueHDI By Tinkervan: la furgoneta que quería ser un monovolumen y lo consiguió

Escrito por: Javier López    15 mayo 2019     Sin comentarios     13 minutos

Hemos puesto a prueba al Peugeot Rifter Long con el propulsor 1.5 BlueHDi de 100 CV y camperizado por Tinkervan, una opción muy atractiva para los aventureros.

El segmento de los monovolúmenes tuvo una época de gran auge pero, con el paso del tiempo, este se ha visto absorbido por el de los SUV de siete plazas. Por otra parte, el sector de las furgonetas siguió su propia senda sin mostrar nunca recelo por los monovolúmenes, pero ha llegado un punto en el que marcas como Peugeot han querido que confluyan ambos mundos. La firma francesa presentó a su nuevo Rifter no solo como un vehículo comercial tal y como estipularon sus predecesores, sino también como un coche capaz de actuar como un siete plazas convencional y permitir que se viaje en él como si de un salón con ruedas se tratase.

En Highmotor hemos querido comprobar por nuestra propia mano cuánto de monovolumen y cuánto de furgoneta hay en el nuevo Rifter. Para ello, hemos acogido durante una semana al modelo francés equipado con el propulsor 1.5 BlueHDI de 100 CV y una preparación By Tinkervan, la cual nos permite gozar de ciertos componentes que convierten al Peugeot Rifter en prácticamente una autocaravana.

Sutileza y finura: dos rasgos que apaciguan la estética del Peugeot Rifter

Cuando pensamos en una furgoneta de las de antaño siempre se nos viene a la mente un diseño tosco y sin grandes alardes, puesto que su única razón de ser era la de realizar con eficacia el transporte de mercancía, dejando así de lado el cuidado de otros aspectos. Sin embargo, la firma del león ha conseguido con este nuevo Rfiter ofrecer en todas y cada una de sus variantes un diseño mucho más amigable y sutil, algo que consigue al heredar multitud de los rasgos presentes en sus hermanos pequeños.

Peugeot Rifter 1 5 Bluehdi Long By Tinkervan Prueba 19

El imponente frontal ya destaca por sus contundentes dimensiones pero, sobre todo, por el león que gobierna la parrilla cromada por los bordes, un claro guiño hacia la exclusividad. La defensa, rematada en plástico negro, cuenta con un fino splitter que ha provocado que me atreva a decir que le proporciona cierto toque deportivo.

El lateral presenta una composición mucho más sosegada y tranquila, una sensación que se transmite gracias a unas líneas apaciguadas y sin grandes alardes. Destacan los protectores en la zona baja y en los pasos de ruedas, ideados para evitar que se produzcan desperfectos en la propia pintura y que nos guían hacia la zaga. Es en dicha zona donde podemos apreciar dos pilotos verticales y una doble apertura del portón de la que os hablaré más adelante. Por último, nos volvemos a encontrar con una robusta defensa y una zona final rematada también en plástico negro que sigue adornando al conjunto con pinceladas de elegancia y clase.

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Espacio, tecnología y más espacio: así se define el interior del Peugeot Rifter

Dentro del habitáculo del Peugeot Rifter nos encontramos con una serie de detalles realmente interesante y atractivos, los cuales también actúan como una solución práctica cuando necesitamos depositar numerosos objetos. Al mismo tiempo, esta capacidad se combina con un diseño vanguardista y con personalidad, muy al estilo de la firma francesa y que rompe con el más tranquilo exterior.

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Una vez que nos hemos acomodado en los asientos del Peugeot Rifter habrá un elemento que rápidamente nos cautivará, que provocará cierta incertidumbre pero que más adelante entenderemos su razón de ser: el i-Cockpit. Dicha denominación hace referencia a una nueva filosofía de diseño empleada por la marca del león que se ve reflejada en un volante de pequeñas dimensiones achatado tanto por arriba como por abajo y en un cuadro de instrumentos en una posición más elevada.

Necesitaremos cierto periodo de adaptación, pero una vez superado, agradeceremos la presencia de este pequeño timón, sobre todo en vehículos de grandes dimensiones como el Peugeot Rifter Long. Gracias a este, las maniobras se facilitan y completar los virajes con éxito se convierte en una tarea mucho menos tediosa; pero lo que realmente resulta atractivo es el sorprendente arsenal tecnológico que presenta el monvolúmen francés.

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Gobernando el salpicadero nos encontramos con una pantalla táctil de 8 pulgadas, la cual ofrece un sistema de infoentretenimiento sencillo e intuitivo, aunque su posición se siente algo alejada del puesto del conductor. Un aspecto que me ha sorprendido gratamente es que los controles de la climatización son botones físicos y no pecan de estar integrados en el sistema multimedia como ocurre en otros modelos de la marca.

Pero si debo elogiar por algo al Peugeot Rifter es, sin duda alguna, por su abrumadora capacidad de almacenamiento. En las puertas nos encontramos con unas generosas guanteras que nos permitirán alojar innumerables objetos, pero este imponente espacio también lo encontramos en el salpicadero, donde una doble guantera se instaura, y lo mismo sucede en la consola central, donde otra guantera se encarga de ocupar la mayor parte de esta.

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Encima de los parasoles nos volvemos a topar con otro inmenso hueco que nos permitirá depositar más objetos, algo que se repite en las plazas traseras. Estas han sido obsequiadas por unos espacios en el propio suelo que se disimulan por una tapa tapizada como la alfombrilla que recubre el suelo del Rifter, y que podrán servir para depositar los juguetes de los más pequeños, por ejemplo.

Y ya que hemos mencionado las plazas traseras vamos a involucrarnos un poco más y hablar en detalle sobre estas. A lo largo de los siete días que he podido convivir con el Peugeot Rifter me he encontrado con una gran ventaja y con un pequeño inconveniente respecto a los asientos posteriores: se trata de tres plazas reales que no presentan ninguna diferencia de tamaño entre ellas y que albergarán a cualquier infante o adulto sin importara su altura o envergadura; el único contrapunto que he encontrado es que no se pueden desplazar longitudinalmente, ofreciendo una única posición con un generoso espacio para las piernas pero que nos evita obtener más espacio para el maletero.

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Un aspecto a destacar es la apertura del portón del maletero, el cual necesita de mucho espacio para evitar rozar con objetos u otros vehículos y, al mismo tiempo, para poder tener un acceso cómodo a la zona de carga. Sin embargo, los diseñadores de la casa francesa han ideado una práctica e inteligente solución: se nos ofrece la posibilidad de abrir tan solo la luna trasera, una opción mucho menos aparatosa y que también nos permitirá depositar y coger objetos del maletero con relativa facilidad.

Por último pero no por ello menos importante debo hacer mención a las calidades percibidas en el interior del Rifter. En general, podemos apreciar unos ajustes correctos en todos los puntos palpables, aunque es cierto que abunda la presencia del plástico duro, un material que podría haber sido sustituido por cuero sintético o sucedáneos para ayudar a acentuar esa sensación de confort que emana el monovolúmen francés y que se experimenta tanto al ir de pasajero como a la hora de conducirlo.

Una casa sobre ruedas gracias a la camperización By Tinkervan

Como os anuncio en el título de esta misma prueba, la unidad que nos fue cedida por la sede de la firma del león aquí en España, contaba con un elemento muy especial: se encontraba camperizada. La frase «By Tinkervan» que aparece justo debajo de la denominación del modelo no es mera casualidad, puesto que son varios los elementos que nos encontraremos en el interior del Peugeot Rifter que harán que rápidamente nos sintamos como en casa.

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Uno de los aspectos más importantes que tenemos que tener en cuenta sobre esta camperización es que se pierde gran parte del espacio de carga del Rifter, por lo que gozaremos de tan solo un hueco bastante profundo pero poco ancho. Esto se debe a que una cama -plegable- una nevera y una ducha portátil serán los sortilegios que nos ofrecerá el monovolúmen francés al escoger dicha opción.

Lo primero que debemos destacar es la cama, cuyo montaje es sencillo y rápido, aunque siempre es recomendable contar con una segunda persona que nos ayude a agilizar el proceso. La segunda mitad de esta se encuentra situada justo entre la propia cama y los asientos de la segunda fila; para instalarla, debemos plegar los asientos, enganchar la parte final a un plástico que presenta la parte ya estirada y listo, tendremos una zona más que correcta para dormir durante una escapada improvisada.

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Es sorprendente el espacio de la propia cama una vez montada, puesto que en ella podrán dormir niños sin problema ninguno y dos adultos cómodamente. Al mismo tiempo, también contamos con una mesa que se encaja en el asidero de los asientos de la segunda fila una vez plegados y, gracias a que el reposacabezas de la cama se puede elevar en diferentes alturas, podremos convertir al Rifter en un auténtico salón-comedor.

La nevera también presenta un acceso sencillo y la ducha será perfecta para esos calurosos días de verano, puesto que la experiencia de mojarnos a la intemperie en pleno invierno u otoño no nos resultará muy agradable. Para contrarrestar el frío o el calor abrasador, el Peugeot Rifter ofrece calefacción y ventilación estacionaria, una opción que nos ayudará a encontrarnos en perfecta armonía con el ecosistema que se respira en su interior.

Una furgoneta que ha conseguido convertirse en monovolúmen

Pero ya basta de hablar del espacio y habitabilidad del Peugeot Rifter, puesto que llegó el momento de centrarnos en uno de los aspectos más importantes: su dinámica de conducción. La unidad de pruebas se encontraba alimentada por el propulsor diésel BlueHDi de 1.5 litros capaz de rendir 100 CV de potencia y 250 Nm de par, unas cifras que son gestionadas a partir de una caja de cambios manual de cinco velocidades.

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Una vez que me puse a los mandos del Peugeot Rifter lo primero que me llamó la atención fue la posición de conducción que ofrece, la cual recuerda mucho más a la de un monovolúmen que a la de una furgoneta tradicional. Dicha tesitura aporta comodidad y se presenta idónea para recorrer largas distancias sin que nuestra espalda se resienta, pero debemos superar un breve periodo de adaptación.

El volante, gracias a sus pequeñas dimensiones, facilita mucho las maniobras que debemos hacer a la hora de estacionar o en el momento de enfrentarnos a la urbe. Es cierto que este no es el terreno más apropiado para desplazarnos con el Peugeot Rifter, sobre todo si se trata de una unidad con la carrocería Long como fue el caso, puesto que se siente incómodo en calles algo angostas.

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Pero es en carretera y autopista donde la firma del león ha querido que su nuevo Rifter saque a relucir su razón de ser. Un tarado de la suspensión ni muy duro ni muy blando nos permitirá superar todas las irregularidades del terreno sin prácticamente percibirlas, ofreciendo al mismo tiempo un confort intachable en largas distancias. Esto mismo sucede con la dirección, que si bien su peso es bastante apropiado, he echado en falta un poco más de comunicación.

Es cierto que Peugeot ha conseguido ofrecer un buen aislamiento acústico respecto al motor, que tan solo se hará algo ruidoso mientras coge temperatura y en algún momento al ralentí. Sin embargo, por culpa de la envergadura del Rifter, es sencillo que apreciemos ciertos ruidos aerodinámicos que pueden resultar algo molestos al cabo de las horas, y precisamente por sus dimensiones también sentiremos ciertos balanceos de la carrocería a altas velocidades.

Pero dejando atrás su aerodinámica que no ha sido concebida para atacar una carretera revirada -ni tampoco lo pretende- debo destacar uno de los puntos más agradables y sorprendentes, su motor. En una primera instancia puede que los 100 CV suenen a poco para mover con soltura los más de 1.600 kilos que declara sobre la báscula el francés, pero nada más lejos de la realidad.

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Su rápida y contundente entrega del par nos proporciona un considerable empuje y alcanzar los 120 km/h nos resultará sencillo, aunque tampoco debemos esperar una espléndida respuesta en la parte alta del tacómetro, zona en la que desfallece paulatinamente. Pero debemos tener en cuenta que, cuando vamos cargados y se nos presenta alguna cuesta algo pronunciada, el Peugeot Rifter se resentirá y nos obligará a reducir una marcha para poder superarla con diligencia.

Nos encontramos con unas relaciones entre marchas bastante bien escalonadas, algo que se presenta como un beneficio para una conducción sosegada y más enfocada hacia el confort. Sin embargo, el tacto de la palanca de cambios es algo esponjoso, y su posición elevada y alejada del puesto del conductor y sus recorridos largos podrán dificultar la inserción de algunas marchas.

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El consumo en autopista durante nuestro habitual recorrido Madrid-Vigo se estableció en 6,7 litros a los 100, una cifra que seguramente podría ser más baja pero debemos tener en cuenta el peso extra que implica la camperización. Teniendo en cuenta que este será su principal terreno, podemos considerar que el Peugeot Rifter es un vehículo idóneo no solo para realizar escapadas de fin de semana, sino también para cubrir largas travesías.

Conclusión

Peugeot ha conseguido con este último Rifter dejar a un lado esa imagen de vehículo industrial para permitir a sus usuarios contemplarlo como un monovolúmen de pura cepa. Un diseño más llamativo pero sin grandes alardes se encarga de alejar esa apariencia de furgoneta, al igual que sucede con su habitáculo, zona que ha sido sazonada con la última tecnología de la marca y que nos permite obviar la presencia de ciertos plásticos duros.

El propulsor BlueHDi de 1.5 litros y 100 CV de potencia será una opción más que suficiente tanto con la carrocería convencional como con la variante Long. Sin embargo, debemos tener en cuenta los kilos de más que se añaden con la camperización de Tinkervan, por lo que sería recomendable plantearnos la opción de 130 CV en caso de que vayamos a hacer numerosos viajes por autopista o carreteras secundarias, y así afianzar los adelantamientos y realizar una conducción más desahogada.

Peugeot Rifter 1 5 Bluehdi Long By Tinkervan Prueba 23

Con un precio de partida de 20.320 euros con el acabado Active y la carrocería Long, el Peugeot Rifter se presenta como un modelo en el sector de los monovolúmenes muy a tener en cuenta. Es cierto que en el caso de nuestra unidad la cifra total asciende hasta los 23.850 euros de precio de configurador, pero con los descuentos de la propia marca y la financiación, podremos reducir dicho precio considerablemente y gozar a cambio de un vehículo perfecto para toda la familia o para disfrutar en pareja.

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