11 octubre 2011 Compactos, Eventos, Híbridos, Pruebas

Seguimos con el Honda CR-Z, en una prueba especial que hemos hecho por carreteras españolas, francesas, alemanas y hasta por Luxemburgo hemos pasado. En la etapa anterior nos quedamos en Bordeaux y ahora nos toca cruzar casi toda Francia hasta Auxerre, en pleno centro del país vecino y a unos 200 km al sur de París.

El recorrido es como siempre por carretera, Francia es un país interesante para recorrer por carretera y nacional, en las autopistas apenas podemos disfrutar de los pueblos, paisajes y vistas, que sí nos ofrecen las carreteras. En total en esta etapa han sido 722 km pero hemos pasado por lugares como la Isla de Ré al norte de Bordeaux.

Día 2 – Bordeaux > Auxerre (722 km)

Salimos de Bordeaux, una ciudad ligada a la cultura vinícola y que sin duda es uno de los lugares con mayor reconocimiento en lo que a vinos se refiere. Pero además de empaparte a viñedos en los alrededores de Bordeaux, la ciudad en sí es muy interesante.

Su casco histórico esta considerado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, su barrios: Saint Pierre, Saint Michel, Sainte Croix, Sainte Eulalie, Saint Eloi destacan por sus conjuntos arquitectónicos de los siglos XVIII y XIX.

Como ya os comenté ayer, es muy interesante hacer una ruta hacía Soulac-sur-Mer, donde podremos ver viñedos, numerosos Castillos, todo ello al borde de la costa, puesto que Bordeaux es ciudad portuaria.

Después de este breve apunte turístico, nosotros seguimos en ruta por las típicas carreteras francesas entre árboles (algo que en España sólo ves de casualidad), pasamos por Pons (interesante ciudad) y continuamos dirección La Rochelle.

Pero antes de llegar nos paramos en Ilé de Ré, una isla cerca de La Rochelle, que destaca por ser un destino turístico en verano y por su belleza en esta época, puesto que pese a tocarnos un día algo fresco, el pueblo tenía bastante encanto. Eso sí, es Francia, así que nos ha tocado pagar un peaje de cerca de 16 euros por recorrer su puente de entrada.

Es una zona típicamente pesquera que ahora vive del turismo, cuenta con varios pueblos en su interior y en esta época destacaban por la calma y tranquilidad de sus calles.

Dejamos atrás la Isla de Ré y nos dirigimos dirección Poitiers, pero de camino vemos unas ruinas en medio de la montaña y un pequeño pueblecito que cuenta con un casco histórico bien conservado y bastante antiguo. Hablamos de Angels sur L’anglin, uno de estos pueblos que te encuentras en mitad de la carretera y que destacan por su belleza o particularidad.

Angels sur L’anglin, cuenta -entre otros monumentos- con un castillo que data del 1025 y una abadía del año 1080. En general el aspecto del pueblo es un regreso al medievo. Nada más llegar al pueblo, desde la carretera se ve un molino de agua con aspas que parece sacado de una película.

Casi con los últimos rayos de sol, llegábamos finalmente a Auxerre, sería nuestra última noche en territorio francés, puesto que en la etapa siguiente nos vamos hasta Luxemburgo para finalmente llegar a Frankfurt.

Impresiones de conducción

De camino a La Rochelle nos vamos percatando de la utilidad del modo Sport para adelantar, a ciertas velocidades por encima de 120 km/h apenas notamos una diferencia considerable, pero por debajo notamos la respuesta del coche más efectiva y rápida.

Con el paso del tiempo, nos vamos acostumbrando a la visibilidad trasera, que sin duda se ve empañada por el diseño del portón, algo que ya es todo un signo de identidad en Honda.

Y precisamente conduciendo por carreteras, con curvas, continuos cambios de marcha, nos damos cuenta de su cambio que destaca por una palanca corta y por su precisión a la hora de engranar las marchas.

Y el punto eco, lo pone el cuadro de instrumentos. Siempre que seamos cuidadosos con la conducción, sin pegar acelerones fuertes y llevando un ritmo tranquilo, el cuadro de instrumentos se ilumina en verde. Mientras que cuando somos algo más bruscos va cambiando hasta el color azul. El funcionamiento del Start&Stop es curioso, puesto que el coche no arranca al pisar el embrague sino al engranar una marcha, aún así es bastante rápido y no es intrusivo en la conducción.

Como detalle curioso, nuestro navegador en su afán por ahorrarnos kilómetros y tiempo entendió que podíamos atajar durante 25 km por una carretera secundaria (por llamarle de alguna forma) con el firme en bastante mal estado. Pero bueno, también pusimos a prueba el confort de la suspensión del CR-Z que hasta el momento había destacado por su firmeza y después de esta pequeña ruta vimos que tampoco compromete el confort, siendo bastante cómoda en baches y zonas mal asfaltadas.

Finalmente encontramos mejorable la capacidad del depósito de combustible de 40 litros, lo que nos permite una autonomía de sólo 450 km por llenado, insuficientes para un vehículo de este tipo.

Fotos | Equipo de pruebas


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