Prueba Volkswagen Golf 8 1.5 eTSI 150 CV DSG: el mítico compacto sigue dando guerra

Prueba Volkswagen Golf 8 1.5 eTSI 150 CV DSG: el mítico compacto sigue dando guerra

Escrito por: Javier López   @jlopezbryan96    27 noviembre 2020     9 minutos

Ponemos a prueba al nuevo Volkswagen Golf 8 con el motor 1.5 eTSI de 150 CV y cambio DSG de siete relaciones. ¿Sigue siendo el rey de los compactos?

«Un Golf es un Golf», seguro que hemos escuchado esa frase en más de una ocasión haciendo referencia a que el Volkswagen Golf siempre será tan mítico como en sus inicios. Y es que los de Wolfsburgo ya van por la octava generación de su compacto por excelencia, algo de lo que no pueden presumir todas las marcas ni tampoco de haber sido precursores de un segmento. Sin embargo, ¿sigue siendo el Golf 8 merecedor de esa mítica frase que se aplicó sobre anteriores entregas? Vamos a descubrirlo.

Para comprobarlo, hemos estado conviviendo con un Volkswagen Golf de octava generación equipado con el motor 1.5 eTSI de 150 CV y cambio DSG. Una combinación de lo más interesante por dos razones: potencia más que suficiente y un sistema de microhibridación que promete unos consumos irrisorios.

Un diseño en su línea

Pero no quiero adelantarme a los acontecimientos, así que, de momento, me limitaré a hablaros sobre el diseño de este nuevo Golf 8 y en primera persona si me lo permitís. Y es que es cierto que para gustos, colores y que la estética de un coche es un apartado muy subjetivo, pero después de contar con el Volkswagen Golf 8 como compañero de fatigas he sacado dos conclusiones: en directo gana mucho y que sigue siendo más de lo mismo.

Prueba Volkswagen Golf 83

Y es que, pese a la novedad y a los nuevos cánones de diseño ofrecidos por la casa germana con esta octava entrega del compacto, veo poco atrevimiento y poco riesgo en el Volkswagen Golf. Aún con esto, nos encontramos con unas líneas generales más secas y cortantes, algo que se aprecia rápidamente en el frontal de la mano de dos faros que se alargan sobre la aleta y casi se integran en el lateral y de una parrilla prácticamente tapiada y mucho más fina.

Prueba Volkswagen Golf 819

El lateral sigue presumiendo de esas líneas pero sin arriesgar demasiado, donde resaltan, principalmente, unas llantas semi-carenadas de 17 pulgadas y un pilar C mucho más ancho. La zaga también nos obsequia con unos pilotos de nuevo corte que se ajustan a esas líneas más secas, con una nueva tipografía para la palabra Golf y, por supuesto, con unos embellecedores cromados que buscan simular una salida de escape. Malditas modas.

Un habitáculo que ha generado controversia

Cierto que, pese a las novedades estéticas, el Volkswagen Golf 8 sigue en la misma línea ofreciendo un poco más de lo mismo; pero no es así en su habitáculo. Y es que aquí la firma alemana sí que ha arriesgado y sí que ha jugado sus cartas de diferente manera, pero esto no impide que haya ciertas cosas que no me terminen de convencer.

Nada más entrar nos recibe un volante achatado por abajo, de tacto agradable y con una botonera en ambos extremos. Detrás de este se inscribe un cuadro de mandos digital de 10,25 pulgadas que, pese a cambiar parte de la representación, sigue siendo muy intuitivo y fácil de utilizar. Misma medida tiene la pantalla central, la cual también muestra un comportamiento sencillo e intuitivo, además de que podemos conectar nuestro smartphone de manera inalámbrica por medio de Apple CarPlay o Android Auto.

Prueba Volkswagen Golf 88

Sin embargo, Volkswagen ha apostado por un minimalismo total en este nuevo Golf 8, lo que provoca que muchas funciones se hayan integrado en el propio sistema de infoentretenimiento. Esto conlleva dos problemas: uno, la dificultad para encontrar algunas funciones debido que se encuentran escondidas tras muchos submenús; y dos, la erradicación de botones físicos que nos permitirían acceder a dichas funciones de manera más rápida y, sobre todo, segura.

Ahora se ha optado por integrar los mandos de la climatización en la propia pantalla, provocando que nos distraigamos y complicando una tarea tan sencilla como activar la ventilación. Tampoco tenemos una respuesta áptica, que podría ayudar a solventar en cierta manera esta dichosa moda, simplemente obtenemos como respuesta un «click» pero que no sirve de mucho, ya que se escucha independientemente de que estemos tocando el botón o no.

Prueba Volkswagen Golf 89

La ruleta de las luces se ha sustituido por un mando táctil en negro piano. Es cierto que en la mayoría de las situaciones llevaremos la posición automática, por lo que no tendremos que preocuparnos. Pero si queremos activar las luces antiniebla o desempeñar las lunetas -porque ahora los mandos para dicho cometido están ahí- tendremos que lidiar con un mando que nos obliga a apartar de nuevo la vista de la carretera.

En lo que a materiales se refiere, nos encontramos con una superficie del salpicadero mullida, blanda y muy agradable al tacto. No obstante, la moldura de plástico que hay entre la parte baja del mismo y la pantalla es de plástico duro, presenta algunos grillos y unos ajustes algo dudosos. No puedo decir lo mismo de la consola central, zona en la que, si bien también se ha hecho uso del plástico duro, nos encontramos con una mejor sensación de empaque.

Prueba Volkswagen Golf 825

Las plazas delanteras son amplias y ofrecen numerosos reglajes, permitiendo que personas de cualquier estatura encuentren su postura idónea con facilidad. Las plazas posteriores cumplen de buena manera, otorgando a sus ocupantes un espacio muy bueno tanto para la cabeza como para las piernas. Como viene siendo habitual, la plaza central se queda algo justa, ofreciendo una anchura correcta pero un mullido duro y poco espacio para las piernas.

Por último el maletero, que en esta octava generación del Volkswagen Golf declara 380 litros de capacidad, medida que se sitúa en la media del segmento. Además, nos topamos con unas formas muy regulares y una boca de carga plana que ayuda a facilitar la deposición y recogida de objetos.

Un Golf que sigue siendo muy Golf

Pero llegó el momento de la verdad, el momento de comprobar cómo va este nuevo Golf 8 y qué novedades ofrece. Antes de nada, presentaros al motor que se encarga de dar vida a la unidad que me acompañó durante una semana, el más que conocido 1.5 TSI, un propulsor de cuatro cilindros sobrealimentado por turbo capaz de erogar 150 CV y 250 Nm de par.

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Pero esta unidad contaba con una novedad representada a partir del apellido eTSI, una «e» que hace referencia al sistema mild-hybrid de 48 voltios que equipa el Golf en esta versión y que le otorga la etiqueta ECO. Este sistema nunca interviene por sí solo, simplemente sirve de apoyo en determinados momentos y está ideado, principalmente, para reducir consumos y emisiones de CO2.

El motor se sigue comportando como un 1.5 TSI de combustión puro y duro. Los 150 CV hacen acto de presencia en la parte alta, entre las 5.000 y 6.000 vueltas; mientras que los 250 Nm de par entre 1.500 y 3.500 revoluciones. Esto se traduce en una entrega de potencia muy lineal, sin altos picos en mitad del tacómetro, dejando una zona baja algo fría pero unos medios muy llenos.

Prueba Volkswagen Golf 826

Los 150 CV y 250 Nm de par nos permitirán movernos con soltura en cualquier terreno, unas cifras que, en este caso, estaban gestionadas por medio de una caja de cambios automática DSG de 7 relaciones y doble embrague. Su comportamiento es ejemplar, ofreciendo unos cambios suaves y rápidos y dejando tan solo que se aprecie cierto letargo tanto en subidas como en reducciones cuando hacemos uso del modo secuencial -que por cierto, este tan solo se puede ejecutar mediante las levas del volante, ya que el nuevo selector de marchas no trae dicha opción-.

En autopista, el Volkswagen Golf 8 muestra un comportamiento soberbio y más propio de un vehículo de un segmento superior que de un compacto. Transmite confianza y seguridad de la mano de una pisada más aplomada que la percibida con la anterior generación. El tarado de la suspensión -regulable en esta unidad- es muy equilibrado, consiguiendo así contener bien los balanceos de la carrocería y absorbiendo con diligencia los rotos del asfalto. En dicho terreno es fácil registrar unos consumos de 5,4 litros a los 100.

En ciudad nos encontramos con un coche cómodo, con unas medidas muy apropiadas para callejear y con una serie de ayudas a la conducción que facilitarán nuestro tránsito por la urbe. La dirección es blanda, la respuesta del motor más que suficiente y el buen hacer de la suspensión nos vuelve a obsequiar con un comportamiento muy noble y sin la necesidad de ser demasiado cuidadosos a la hora de abordar baches o badenes. Aquí el consumo asciende hasta los 8 litros.

Prueba Volkswagen Golf 822

Pero, ¿nos lo podemos pasar bien con este Golf 8? Lo cierto es que estamos ante un coche muy neutro. No busca ser deportivo y, por ende, no transmite sensaciones cuando queremos abordar una carretera de montaña, por ejemplo. Su dirección es rápida y precisa, pero poco comunicativa e informativa y, aunque seleccionemos el modo más firme de la suspensión, no nos encontramos con un coche duro o más preciso, simplemente se consiguen contener ligeramente los balanceos de la carrocería que ya de por sí son ínfimos. Además, notamos un tacto del pedal de freno algo extraño, al menos, hasta no superar la mitad del recorrido del mismo. Esto se debe al sistema de 48 voltios que se regenera, en parte, con la frenada y deja poco feedback cuando lo accionamos.

Tampoco ayuda demasiado a cumplir dicho cometido el motor, cuya respuesta tan lineal y sobria nos invita a realizar una conducción más bien sosegada y no demasiado alegre. Esto no es algo malo o negativo, simplemente nos encontramos con un Golf que no pretende ser deportivo, dejando dicha tarea a los nuevos Golf GTI y R.

Conclusión

«Un Golf es un Golf» y sí, este nuevo Volkswagen Golf 8 lo sigue siendo. Y es que la octava entrega del compacto alemán sigue cumpliendo con sus promesas de coche para todo, ofreciendo un conjunto muy equilibrado -sobre todo en esta variante- para cubrir cualquier necesidad.

Como contrapunto nos encontramos con un coche en el que deslucen los acabados interiores, la integración de varios sistemas en la propia pantalla y un precio algo elevado comparado con el de su competencia. Y es que la unidad que nos ocupa en este artículo implica una factura de 31.835 euros.


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