SsangYong Tivoli Limited G16 4X2, prueba y opinión
Ssangyong siempre se ha caracterizado por ofrecer modelos robustos con enfoque campero. Ahora, la firma coreana quiere darle la vuelta a esta imagen con productos como este Tívoli, un pequeño SUV urbano de nueva concepción con un diseño diferenciador que nosotros ya hemos probado.
Desde la marca aseguran que el Tívoli es uno de los mejores Ssangyong en el terreno dinámico. Es hora de ponerse al volante para comprobar si el pequeño coreano está a la altura de modelos como el Renault Captur o el Peugeot 2008, dos de sus rivales más fuertes.
Lo primero que me llama la atención nada más arrancar es la ausencia de vibraciones o ruidos. Se trata de un propulsor muy suave, que para saber si está arrancado hay que mirar el cuentarrevoluciones. Cuando tratamos de ponernos en marcha, tenemos que adaptarnos a un tacto del embrague…digamos extraño. El punto de fricción está muy alto y es muy pequeño, lo que hace algo difícil cogerle el punto. Una vez te acostumbras no hay más problema.

En ciudad el Tívoli se siente bien. Las urbes le gustan, casan con su motor de carácter tranquilo y con un tacto de los mandos, en general, suave. Cuando salimos a carretera las cosas siguen yendo bien, aunque hay que acostumbrarse a jugar con más frecuencia de lo habitual con la caja de cambios si hay que adelantar o recuperar velocidad con celeridad.
El equipo de frenos detiene el coche bien, aunque el tacto del pedal de freno da a entender que frena más de lo que en realidad lo hace, ya que cuenta con un pequeño recorrido inicial completamente muerto donde no encuentro ningún tipo de respuesta, para pasar de repente a frenar con mucha fuerza.
La dirección, que cuenta con tres modos de asistencia -confort, normal, sport- tiene, en cualquier circunstancia, un alto grado de ayuda. No ofrece un gran tacto ni informa demasiado de lo que ocurre bajo las ruedas delanteras, aunque tampoco es algo que este coche pretenda ni que su cliente tipo busque.

El motor, como se ha comentado antes, mueve el coche bien, aunque sin grandes aspavientos. No es un coche rápido, aunque tampoco es excesivamente lento siempre que lo mantengamos en los regímenes apropiados para obtener una buena respuesta. Con 128 CV y 160 NM, las prestaciones homologadas por la marca son de 11 segundos para la maniobra de 0 a 100 km/h y 181 km/h como velocidad punta.
Este propulsor solo puede combinarse con una transmisión manual de 6 velocidades con unas relaciones tirando a largas (la 6ª tiene un desarrollo de 37 km/h cada 1000 rpm) que en parte son las culpables de la pobre respuesta del motor, sobre todo a bajas vueltas. Una vez lanzado, el Tívoli no tiene problemas para mantener cruceros a velocidad legal. El problema viene de la mano de esa necesidad de altas vueltas, que acaba resintiendo tanto el consumo como el confort de los ocupantes.
El consumo medio homologado por la marca es de 6.6 litros cada 100 km. Hay que reconocer que cuando uno trata de moverse con tranquilidad y cambia a bajas revoluciones, el motor muestra su faceta más frugal y es posible acercarse a las cifras comunicadas por la marca. El problema es que a nada que necesitemos algo de «chicha», el propulsor pedirá más combustible. La cifra media del ordenador después de 1000 km de uso mixto ha sido de 7.4 litros.

El Tívoli de tracción delantera -como esta unidad- tiene un esquema de suspensión bastante simple (McPherson en el eje delantero y eje rígido en el trasero), suficiente para una utilización normal del coche. La amortiguación es tirando a rígida, pese a lo cual cuando giramos con algo de brusquedad harán acto de presencia unos balanceos bastante patentes. Con tendencia claramente subviradora al límite, sólo se puede hacer deslizar -mínimamente- al eje trasero si se le provoca levantando el acelerador con brusquedad en medio de una curva.
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