Volkswagen Golf GTE, prueba y opinión

Daniel Valdivielso    @valdi92    9 diciembre 2015     10 min.
Volkswagen Golf GTE, prueba y opinión

Esta semana en la sección de pruebas de Highmotor tenemos un acompañante de lo más especial, muy apropiado para los tiempos que corren. Sin duda, uno de los coches del momento, capaz de aunar en un mismo producto un diseño atractivo, potencia, deportividad y economía de uso. Hablamos del Volkswagen Golf GTE.

Para arrancar este Golf, no tenemos más que pulsar el botón de arranque y parada situada al lado de la palanca de cambios, siempre y cuando hayamos pagado la opción «Smart Entry» que incluye también el desbloqueo y cierre sin llave. Cuando arranquemos, lo único que notaremos es una suave indicación sonora mientras la aguja del flujo energético se eleva en la vertical hasta situarse en el «0».

El Golf GTE monta un sistema híbrido enchufable formado por un propulsor térmico 1.4 TSI de 150 CV. A este motor se le suma un propulsor eléctrico de 102 CV, alimentado por una batería de iones de litio con 8.8 kWh de capacidad. Estos motores pueden funcionar de forma independiente o conjunta, ya que se acoplan mediante una transmisión automática de doble embrague DSG de 6 relaciones.

Volkswagen ha previsto cinco modos de funcionamiento diferentes para el GTE, E-Mode (circulación exclusivamente eléctrica), Hybrid Auto (gestión óptima de los recursos energéticos del coche para conseguir el menor consumo posible), Hybrid Hold (mantiene la carga de la batería), Hybrid Charge (carga mediante el motor térmico la batería) y GTE, enfocado a obtener el mayor rendimiento.

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La marca afirma que, a la larga, resulta más rentable en términos de consumo mantener siempre activo el modo Hybrid Auto. Es, casualmente, el único modo que no es posible activar mediante una tecla en la consola central, algo que no tiene mucho sentido y que, además, obliga a retirar la vista de la carretera para manejar la pantalla central.

En teoría, el Golf GTE tiene una autonomía eléctrica de 50 km. En la realidad esto no es así, ya que es muy difícil superar los 35 km en circunstancias normales. El consumo homologado total es de 1.7 litros cada 100 km, cifra, de nuevo, completamente irreal. Es más fácil pensar en un consumo que se mueva entre los 4 y los 5 litros dependiendo de lo que pisemos la ciudad. En este coche sucede lo contrario a un vehículo tradicional, y es que cuanto más ciudad hagamos, menos consumirá el coche.

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Una vez en marcha, destaca sobremanera la suavidad y finura con la que este Golf es capaz de avanzar. Sin duda, se trata de una experiencia muy llamativa, ya que, por concepción, a un Golf no le pega eso de «ser híbrido». En modo eléctrico es capaz de alcanzar los 130 km/h, con una aceleración de 0 a 100 km/h de 10.5 segundos. Se trata de cifras más que suficientes para moverse con soltura entre el tráfico normal. Es más, exclusivamente en modo eléctrico podremos salir los primeros del semáforo casi con total seguridad.

Si utilizamos todas las posibilidades del coche, podremos acelerar de 0 a 100 km/h en 7.6 segundos, alcanzando una velocidad máxima de 217 km/h. En línea recta el GTE es un coche veloz, manteniendo una agradable sensación de empuje sea cual sea la velocidad que llevemos en ese momento.

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Cuando llegan las curvas, el GTE muestra un problema, su elevado peso, y es que esta versión, debido al mayor número de componentes, es del orden de 200 kg más pesada que un GTI/GTD. Este mayor peso se traduce, obviamente, en mayores inercias, lo que hace que el GTE sea algo menos ágil que sus hermanos deportivos.

La falta de agilidad se contrarresta con una neutralidad encomiable, ya que la mayoría del peso adicional está situado sobre el eje trasero. De esta manera, encontramos un Golf con un eje trasero más asentado, que sigue fielmente al delantero. La amortiguación está bien equilibrada, mostrando un buen compromiso entre dureza y comodidad. Por lo tanto, podemos hablar de un Golf con un comportamiento a medio camino entre una versión Sport y un GTI.


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