14 febrero 2012 Fórmula 1, Historia, Pilotos

Y llegó un día de enero de 1982 en que los pilotos de Fórmula 1 tuvieron que dormir en el suelo o en colchones improvisados, durante la primera huelga de pilotos que la FISA (la FIA de aquel entonces), tuvo que enfrentar. Durante los días previos al GP de Sudáfrica de 1982, todos los pilotos se encerraron en el Sunnyside Park Hotel, echaron llave a la puerta y decidieron cambiar la historia de sus nuevas condiciones laborales y del otorgamiento de la súper licencia.

El detonante fue el formulario de pedido de súper licencia que Niki Lauda había recibido, toda vez que 1982 era su año de regreso a la Fórmula 1 y que necesitaba tramitar su licencia de piloto. En dicho formulario, una cláusula llamó su atención: la licencia iba a ser concedida al equipo, y no al piloto. Además cada piloto debía permanecer por un tiempo determinado con su equipo y no se le permitía ninguna otra actividad dentro del automovilismo que no fuera la Fórmula 1, ni libertad de movimiento en cuanto a sus contratos; pero lo que exasperó los ánimos de todos, fue la cláusula de que no se podía opinar en los medios en contra de la FISA bajo ningún concepto para no dañar la imagen de la categoría.

El día jueves de la primera carrera del campeonato en Sudáfrica, el circuito amaneció con todos los coches listos para los entrenamientos, pero sin pilotos. Lauda y Didier Pironi ya se habían encargado de explicar a cada uno la situación, por lo cual acordaron abandonar en masa el circuito de Kyalami, en un autobús, rumbo a un hotel para decidir qué debían hacer; solamente Jochen Mass no se plegaría al movimiento.

No tardó mucho Jean-Marie Balestre, presidente de la FISA en ese entonces, en amenazar a todos los pilotos con la siguiente frase, que se ha convertido en una de las más famosas de la Fórmula 1: o corren, o serán despedidos de por vida. Los organizadores de la carrera comenzaban a impacientarse y planeaban demandar a todos los equipos por incumplimiento de contrato, mientras que Colin Chapman llegaba al extremo de que un mecánico condujera durante unas vueltas el Lotus 91 de Elio de Angelis, con el casco y el mono del piloto, para “disimular”.

Las horas pasaban y los pilotos seguían encerrados bajo llave en una gran habitación, en donde compartieron cama, comida y suelo y durmiendo en parejas. Solamente un fotógrafo tuvo oportunidad de estar presente (quien tomó las fotos que aqui te mostramos). En ese lugar había un piano, que era tocado por Elio de Angelis y Gilles Villeneuve.

Dentro de lo insólito de la situación, con los pilotos más importantes del mundo en huelga y encerrados juntos en una habitación, hubo hechos increíbles, como el juramento de que la llave de la habitación debería ser utilizada para cerrar por fuera y por dentro la puerta a la hora de tener que salir al cuarto de baño; solamente un piloto no regresó esa noche: Teo Fabi.

El acuerdo entre Balestre y los pilotos salió a flote y la carrera se realizó, finalmente. Fue ganada por Alain Prost. Durante la carrera, los comisarios deportivos emitieron un comunicado durante la prueba, según el cual la tregua expiraba al caer la bandera a cuadros, con lo que los pilotos eran suspendidos indefinidamente. Sin embargo, llegó la siguiente carrera en Brasil… y nadie más sacó a relucir ese documento, ni se sabe qué ha sido de él.


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  1. Bitacoras.com 15 febrero 2012

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