Prueba: Toyota Camry, un exótico sedán que llega para quedarse

Miguel Lorente     23 septiembre 2019     7 min.
Prueba: Toyota Camry, un exótico sedán que llega para quedarse

Tras 7 generaciones y casi 20 millones de unidades vendidas, ponemos a prueba el Toyota Camry de nuevo cuño, la octava, ya disponible en los concesionarios españoles

No puedo negar que hacer la prueba del Toyota Camry híbrido me motivaba en especial, sobre todo tras poder conducir alternativas tan directas entre las berlinas europeas como el Peugeot 508 y el Renault Talisman, ambos, modelos con mecánicas tradicionales, y haber conocido de primera mano a su pariente próximo, el Lexus ES.

Sea como fuere, por estética, configuración mecánica y comportamiento quería tener en mis manos el nuevo Toyota Camry, la octava generación de su histórica producción, que por fin llega a España con ganas de ofrecer una imagen muy a la japonesa (líneas perfiladas al máximo) con una conducción lo más eficiente posible (mecánica híbrida autorrecargable) de la que Toyota es uno de los abanderados junto con el dinamismo sello de la casa que todo fabricante nipón aporta a sus producciones. No me equivocaba.

La imagen el Camry de nueva generación

La planta del Toyota Camry es familiar, sobre todo si conoces el Lexus ES, la berlina premium de la marca de alta gama de Toyota. A pesar de no compartir el diseño, frente a frente, te das cuenta que son familia y cercana.

Si la «máscara de samuarái» que cubre el frontal del Lexus es incisiva, afilada y cortante, el sinfín de líneas paralelas que parecen conformar la cara del Toyota, solo se ve ligeramente alterada por una suerte de ave planeando el cielo en modo ECO o en modo vela entre unos angulosos ojos orientales, también.

Si la silueta de berlina con trazas de coupé, es más elegante en un Lexus orientado a un público de generoso presupuesto, la del Toyota aspira a ser la opción más modesta pero igual de estilosa que la de su pariente.

Si la zaga culmina, en ambos casos, con dos pilotos afilados por el centro del maletero, con una sobria terminación final en una suerte de saliente con reminiscencias a los de cola de pato, la del Toyota es algo más dinámica que la del Lexus.

Pero, lejos de comparar, el aspecto del Toyota es muy correcto para el tipo de coche que es. Por eso, es sencillo pero atractivo, dinámico pero no deportivo, clásico pero con soluciones tomadas de otras carrocerías más llamativas. En general, un acierto para una berlina que aspira a ser el sedán generalista más popular en las carreteras que conectan municipios o ciudades distanciadas entre sí.

Habitabilidad y conducción como reclamo

Porque, si algo queda claro cuando inicias la prueba del Toyota Camry, es que está diseñado para disfrutar de él desde dentro. Da igual que sea desde las plazas traseras o las del acompañante. Hay espacio y confort más que suficiente para ser un coche cómodo para largos recorridos. También en un maletero de configuración y volumen (524 litros) bien dispuesto.

La unidad conducida tenía como acabado uno de los tres disponibles por el momento, el comercializado como Toyota Camry Advance, el nivel, si bien llamarlo intermedio sería incorrecto por la distancia entre éste y el destinado a flotas, pero también disponible como Bussiness, o el paquete de mayor lujo del Luxury, sí corresponde al equipamiento por debajo del tope de gama.

Precio Toyota Camry 220H Business Advance Luxury
PVP 36.500 € 37.900 € 43.400 €
Descuento 4.200 € 5.400 € 5.400 €
Precio final 32.300 € 32.500 € 38.000 €

Si bien es cierto que este Toyota Camry Advance cuenta con materiales de calidad modesta, como los asientos en tela, no se echa en falta la inclusión de elementos rimbombantes ni superficiales o prescindibles como pudiera ser la pantalla multifunción entre los asientos traseros del Luxury, puesto que, tanto como pasajero como conductor este coche invita a disfrutar del viaje y no de los pasatiempos requeridos durante el trayecto que hagan más llevaderos el camino hasta el destino.ya que, si además de saciar mis expectativas teóricas, en el apartado dinámico, este coche me dejó gratamente sorprendido.

Diseñado para ser conducido y disfrutado

El motor híbrido de cuarta generación, el bloque 2.5 Dynamic Force viene a ofrecer, cuando el motor eléctrico apoya por completo, hasta 218 CV que se comportan muy bien: es comedido a ritmos continuos en modo ECO y se entrega con solvencia en las ocasiones en las que se requiere extraer lo mejor de su potencial.

La dirección es comunicativa y el chasis tiene un ajuste que llega a resultar divertido cuando el trazado se vuelve más cambiante y exigente. No se puede esperar un comportamiento de berlina deportiva pero sí como sedán dinámico, en parte, gracias a que cuenta con un centro de gravedad bajo que, en apoyo, resulta aplomado, pero para bien.

Otro de los puntos en los que me ha sorprendido ha sido en cuanto a la transmisión.

Si bien el uso de cambios de tipo CVT suene producir reticencia a quienes disfrutamos de la conducción, en este coche, la evolución y mejora en la transmisión da lugar a una caja de cambios automática mejorada.

Además es posible su gestión puntualmente manual, mediante la palanca situada en el puente central, lo que ayuda a encontrar una marcha más acorde con la situación de conducción y, por ende, más gratificante en su uso y que no resulta tan molesta ni estridente a los sentidos, sobre todo, al oído y a la vista, ya que, en otras ocasiones, como sucede en otros modelos de propios o ajenos a esta marca, como el caso de la prueba del Subaru XV con cambio CVT, puede llegar a producir descuadre sensoriales entre el sonido del régimen del motor y lo que la aguja de las revoluciones indica.

El consumo y el compromiso ambiental del Toyota

Sea como fuere, hablando de agujas, la marca del consumo durante la prueba del Toyota Camry conducido quedó en 5,9 litros de gasolina consumidos a los 100 km circulados.

De ellos, según los datos manejados por Toyota, al menos 43 de esos km fueron hechos en modo EV y lo que supone circular entre 20-25 por ciento en modo «cero emisiones». Y es que, en situaciones de conducción sin sobresaltos, es muy fácil que el coche entre en modo eléctrico, como también que decaiga el ritmo cuando se levanta ligeramente el pie del acelerador.

Gracias al asistente Auto Glide Control, en modo ECO, la configuración utilizada en la mayoría de la ruta conducida, el vehículo antepone la regeneración de la batería eléctrica y provoca la contención que permita la intervención del inversor o regenerador.

Conclusión: prueba Toyota Camry

Como decía al inicio, mi intención al probar este coche era saber si el Toyota Camry puede plantar cara a berlinas de corte generalista pero con contrastado atractivo estético y dinámico además de dosis de habitabilidad de calidad.

La conclusión es que, si bien no es tan llamativo como el Peugeot 508 ni tan equilibrado en la conducción como el Renault Talisman, la prueba del Toyota Camry me permite afirmar que, para mí, este coche es más discreto que el de la marca del león pero sí más emocional en su conducción que en cualquiera de las otras alternativas.

Sin duda, el Toyota Camry ha llegado al examen bien preparado, con un planteamiento que le puede alzar como una de las berlinas más populares en nuestras calles y carreteras y, sobre todo, un coche que, por sus precios, ahora al comienzo de su comercialización, tan competitivos que no cabe duda que, plantear su compra, es todo un acierto.

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