Audi SQ5 Sportback TDI quattro: probamos el SUV total

Audi SQ5 Sportback TDI quattro: probamos el SUV total

Escrito por: Antonio Roncero   @roncero_antonio    4 enero 2022     12 minutos

Una llamativa carrocería SUV con estilo coupé, un potente motor TDI con 341 CV que no parece un diésel por rendimiento deportivo, tracción quattro, etiqueta ECO… el Audi SQ5 Sportback lo tiene todo.

Las versiones “S” de Audi tienen un encanto especial. Son coches que ponen el acento en la deportividad, pero sin sacar demasiado pecho -para eso están los RS-, como este Audi SQ5 Sportback. Prácticamente podrías tirar de listado de opciones y configurar un Audi Q5 Sportback con motor básico para que luciera una apariencia similar a la del SQ5. Pero no sería un Audi “S”.

Este Audi SQ5 Sportback es, en mi opinión, uno de los coches que mejor refleja el espíritu de las versiones S de la marca de los cuatro aros: cómodo y versátil para el día a día pero capaz de sacarte una sonrisa de oreja a oreja cada vez que te te pones los guantes de conducir. ¡Hasta te permite alguna que otra aventurilla fuera del asfalto!

El Audi SQ5 Sportback TDI y sus posibles rivales

El cocktel tiene de todo: carrocería SUV con estilo coupé, pero con un interior y un maletero muy aprovechables; un motor turbodiésel que no desentona en un deportivo ni por prestaciones ni por sonido, capaz de hacer que el SQ5 corra mucho y gaste muy poco; y un chasis magníficamente puesto a punto. Para redondear el panorama, gracias a la hibridación ligera el Audi SQ5 luce la etiqueta ECO de la DGT, con todas las ventajas que esto conlleva, que no son pocas.

Claro que todo esto se paga, y el SQ5 TDI tiene un precio ya respetable: parte desde 79.200 euros, y desde 83.300 euros en esta versión con carrocería Sportback. Dentro de su propia gama, una posible alternativa sería el Q5 55 TFSIe quattro híbrido enchufable, con 367 CV, que parte desde los 76.000 euros. Los dos están lejos de los 60.000 euros que cuesta la opción “razonable”, el 40 TFI quattro de 204 CV. Puedes “vestirlo” casi como el SQ5 con el acabado Black Line, pero te vas ya a los 66.000 euros. Y no se acerca, ni por asomo, a las cualidades dinámicas del SQ5.

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Como podrás imaginar, no es nada fácil encontrar coches que reunan todas estas características. De hecho, solo se me ocurre uno, su rival natural, el BMW X4 M40d, con 340 CV y disponible desde 77.600 euros. A partir de aquí, sin salir de los SUV, una referencia obligada por deportividad sería el Porsche Macan, con el Macan S (380 CV, desde 83.500 euros) como punto de equilibrio, aunque con motor de gasolina y sin etiqueta ECO. Lo mismo sucede en la gama Mercedes GLC Coupé, donde la alternativa sería la versión 43 4MATIC, con 390 CV y un precio desde 85.000 euros.

Luciendo músculo: el diseño del SQ5

Audi ha logrado otorgar al SQ5 una imagen poderosa y deportiva, pero sin excesos. Que se note que es un audi e”S”pecial, eso sí. Destacan la parrilla Singleframe con una trama especial con formas octogonales, las inserciones verticales en las generosas entradas de aire en los paragolpes delanteros y los faros Matrix LED con luces largas automáticas e intermitentes dinámicos, que forman parte del equipamiento de serie. En la zaga el difusor integra dos salidas de escape dobles con forma ovalada, y opcionalmente se puede instalar la tecnología OLED. Un elemento totalmente prescindible, pues aporta una firma lumínica exclusiva pero tiene un precio elevado, 1.235 euros.

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Me parece mejor idea invertirlos en alguno de los seis tonos metalizados opcionales para la pintura de la carrocería, como el verde distrito de la unidad que ves en las imágenes; otras opciones son el azul Itra, el rojo Marte, tono en plata o en blanco… Además, se puede personalizar el color de la carrocería al gusto de cada cliente a través del programa Audi exclusive; en este caso, el precio es de 3.000 euros.

Las gran variedad de llantas disponibles también hacen que el SQ5 luzca más elegante o más poderoso. De serie son de 20 pulgadas con neumáticos 225/45; las que ves en las fotos, firmadas por Audi Sport, son de 21 pulgadas, llevan neumáticos 255/40 y tienen un precio de 2.100 euros.

Habitáculo del Audi SQ5: calidad y versatilidad para el uso diario

En el interior, esta versión se puede elegir con un diseño en color negro o gris; particularmente me gusta más este último, con inserciones en aluminio cepillado que aportan una nota elegante y a la vez tecnológica. Los asientos deportivos de serie son magníficos, y opcionalmente pueden contar con funciones de masaje y ventilación.

A la familia Q5 no le ha llegado todavía la digitalización tan llevada al extremo que caracteriza a otros modelos de la marca, repletos de pantallas táctiles integradas en el diseño del salpicadero y sin apenas botones. No es una crítica, en absoluto. Me gusta mucho más cómo funcionan los botones del volante multifunción del SQ5, de los de girar y pulsar, que los nuevos de tipo capacitivo del Audi Q4 e-tron, por ejemplo. La pantalla multimedia flotante está en una posición elevada que resulta fácil de consultar por debajo de las salidas de ventilación, y hay mandos físicos para el sistema de climatización y para algunas funciones.

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La instrumentación digital Audi virtual cockpit, con una gran pantalla de 12,3 pulgadas, es de serie. En este caso se trata de la versión “plus”, con algunos menús y visualizaciones específicas. Por claridad en la presentación de los gráficos, reslución, diseño, rapidez y posibilidades de configuración, sigue siendo de las mejores instrumentaciones digitales que hemos visto hasta la fecha.

Independientemente del grado de digitalización, la sensación de calidad es soberbia. Y y también la ergonomía, con una buena visibilidad, un magnífico pedalier -reposapié incluido– y muchos huecos prácticos para dejar objetos. También es notable el espacio disponible, tanto en las plazas delanteras como en las traseras; ni siquiera la línea descendente del techo compromete aquí la altura como para que dos adultos viajen cómodos. Es una de las características de los Sportback de Audi respecto a los SUV de los que derivan, y que también hemos visto en la gama Q3 y Q3 Sportback.

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Incluso se mantiene casi intacta la capacidad del maletero, con unos magníficos 500 litros, ampliables a 1.470 litros abatiendo los respaldos de los asientos traseros. Esto se puede hacer en secciones 40:20:40; además, la opción de banqueta trasera plus (435 euros) permite regular longitudinalmente la banqueta para favorecer el espacio para el equipaje o para los pasajeros, así como regular la inclinación de los respaldos.

Un equipamiento muy completo… con algunas opciones que deberían ser de serie

El sistema MMI Navegación es de serie, así como el equipo de sonido, el climatizador de tres zonas, las luces ambientales y el Audi parking system plus. La amplia dotación de serie puede completarse con multitud de opciones de personalización y de confort, como un sistema de calefacción estacionaria (1930 euros), paquete de iluminación plus con hasta 30 colores (485 euros), una instrumentación proyectada en el parabrisas (1.220 euros), el techo solar panorámico (1.815 euros) o distintas tapicerías de piel.

Entre las opciones que, habida cuenta de la categoría y el precio del coche, pensamos que podrían haberse incluido de serie, se encuentran la llave de confort (700 euros), la alarma (600 euros), la cámara trasera (560 euros) y algunos asistentes a la conducción como el Audi pre sense basic (310 euros), el aviso de cambio involuntario de carril (1.010 euros) o la ayuda al mantenimiento en el carril Audi lane assist (560 euros).

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También se puede instalar como opción de fábrica un gancho de remolque (1.245 euros), y los paquetes de asistentes city (820 euros) y Tour (1.480 euros); estos dos últimos me parecen totalmente recomendables. En el segundo, por ejemplo, se agrupan el control de crucero adaptativo con función stop-go, el asistente de conducción en atascos, el asistente predictivo de eficiencia y el asistente de giro.

El motor V6 TDI del Audi SQ5: ¿de verdad es un díesel?

Incluso después de muchos kilómetros, y tras confirmarlo varias veces, muchos de los que viajen a bordo del Audi SQ5 como pasajeros se repetirán una y otra vez la misma pregunta. Y es que el Audi SQ5 no parece un diésel, aunque suene a tópico.

El motor es el V6 3.0 TDI ya conocido en la marca, que en su última actualización recibió muchas mejoras: pistones de acero forjado, nuevos inyectores, un turbocompresor con una turbina más pequeña y ligera, un intercooler que permite acortar el recorrido del aire de admisión… Como tecnologías destacadas, recordemos que este V6 TDI utiliza un sistema Mild Hybrid de 48 voltios que mejora la respuesta y la eficiencia, y le permite contar con la etiqueta ECO.

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Dentro del sistema MHEV de 48 voltios, otro componente interesante es el compresor eléctrico, un mecanismo que en la práctica cumple lo que promete: eliminar prácticamente por completo el retraso de respuesta del turbo o “turbo lag”, aumentando la sobrepresión en la admisión al iniciar la marcha al acelerar con el motor girando a bajas vueltas, cuando el turbo convencional tiene dificultades para hacerlo.

Sobre si el debate tan en boga de si los diésel son limpios o no, Audi lo dice todo recurriendo a un sistema doble de catalizadores SCR – filtro de partículas con doble inyección de Adblue. Cumple sobradamente las normas establecidas.

En marcha con el Audi SQ5 TDI

¿Cómo se traduce toda esta tecnología en cifras y en sensaciones? Pues el V6 TDI genera 341 CV y un par máximo de 700 Nm, que se mantiene constante desde 1.750 rpm hasta 3.250 rpm. Alcanza una velocidad máxima de 250 km/h, limitada electrónicamente y destaca por su su capacidad de aceleración: de 0 a 100 km/h: para el crono en 5,1 segundos.

Los coches comparables que permiten unas prestaciones tan deportivas tienen por lo general un problema, y es que necesitan de un surtidor –o de un poste de recarga– cada pocos kilómetros; este no es el caso del Audi SQ5, que saca a relucir algo de lo que todavía pueden presumir los diésel: un consumo imbatible. Conseguir medias entre 8,5 y 9 l/100 km/h no requiere mucho esfuerzo en conducción normal, un registro que no se aleja mucho de los 8,2 l/100 km homologados.

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La cosa cambia mucho si te pones en modo sport, pero en el peor de los casos estarás en torno a los 15 l/100 km, ya practicando una conducción muy extrema. Coches de gasolina capaz de seguir la estela del SQ5 se irán a cifas que empiezan por dos.

Ya desde la puesta en marcha el SQ5 TDI demuestra una capacidad de empuje soberbia, acompañado por un sonido ronco y profundo, gracias a las mariposas situadas estratégicamente en el sistema de escape. Y eso que ahora, con tanto coche eléctrico potente y su capacidad de generar el par máximo desde cero, nos estamos acostumbrando muy mal. Pero a este V6 nunca le pillarás con la guardia baja.

Además, el cambio tiptronic de convertidor de par, muy suave y suficientemente rápido cuando lo necesitas, se encarga de que te puedas centrar en el volante y en los pedales y olvidarte de todo lo demás. Por cierto, gracias a la hibridación ligera, el motor puede desconectarse cuando se circula por inercia (al levantar el pie del acelerador) con el modo efficiency seleccionado durante intervalos de hasta 40 segundos. Redondea el sistema de transmisión la tracción permanente quattro, con un reparto de par del 40/60 a los ejes delantero y trasero, que puede variar según las condiciones de adherencia para enviar hasta un 70% de la fuerza del motor a las ruedas delanteras, y un 85% a las traseras.

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Con esto, y con el tren de rodaje deportivo S (amortiguación más firme y altura de carrocería rebajada 30 mm) no haría falta más para disfrutar de un SUV cómodo cuando toca viajar, y efectivo como pocos si se trata de enlazar curvas lo más rápido posible. El aislamiento es fantástico a pesar de los anchos neumáticos, permite un confort de bacheo que ya quisieran coches de planteamiento mucho menos deportivo, la carrocería balancea poco o muy poco (depende del modo de conducción elegido) y la dirección y los frenos destacan… porque pasan desapercibidos.

Pero Audi todavía ofrece tres opciones que amplifican aún más la deportividad que es capaz de transmitir el SQ5. La primera es la dirección dinámica de desmultiplicación variable (1.245 euros); aunque me quedo mucho antes con la suspensión neumática adaptativa (1.200 euros), que permite hasta cinco niveles de ajuste de altura de la carrocería, y añade el perfil offroad a los ya habituales (auto, comfort, dynamic, individual y efficiency) en el Audi drive select.

Por último, el diferencial deportivo (1680 euros) añade un plus de agilidad al distribuir más par a la rueda trasera exterior a la curva en el eje trasero, disminuyendo el subviraje; lo que también se conoce como torque vectoring. No es que me parezca una opción imprescindible, pero si yo me comprara un Audi S, me gustaría que ya vienera de serie, y saber que cuento con él para esos días en los que uno se pone “serio” y quiere disfrutar de verdad al volante.

Galería de imágenes Audi SQ5 TDI


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